martes, 11 de noviembre de 2008

La Figura del Sacerdote [I]


"Las Vocaciones"


Escuchemos lo que dice el señor a los predicadores: La mies es mucha, pero los operarios son pocos; rogad pues, al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies. Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, por que hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas.
San Gregorio Magno
Hom. 17 sobre los evangelios

            Dentro de nuestra Santa Iglesia, el Sacerdote es un personaje un tanto paradigmático. Tanto es así, que sin los sacerdotes, la iglesia no podría existir, dado que la fuente y culmen de la vida eclesial esta completamente arraigada en torno a la Santísima Eucaristía, que solo un presbítero puede realizar válidamente, por el poder que el mismo Cristo instituyó en la Santa Cena Pascual.
            Ahora bien, en cuanto a la figura misma del sacerdote, podemos hacer una distinción entre las distintas dimensiones de su labor consagrada plenamente a Dios. Sin embargo, pese a estas distinciones, esta labor debe ser considerada como un todo, y por tanto, inseparables.
            En primera instancia es bueno recordar que el sacerdote, por su condición de ser humano, es persona, y por tanto,  tiene las mismas obligaciones y necesidades que cualquier otro ser humano. Pese a esto, el carácter de consagrado a Dios le impide acceder a muchos bienes exclusivamente reservados para los laicos, en especial, el Matrimonio.

            En la actualidad, podemos constatar una fuerte disminución en el número de las vocaciones a la vida sacerdotal, asi como también, la "secularización del clero", fenómeno extendido en todo el mundo, debido a malas interpretaciones del Concilio Vaticano II.
            Es posible enumerar una serie posibles causas de esta disminución en el número de vocaciones, y en la santidad de las mismas:
1.- La Pérdida del Sentido de lo Sagrado.
            Efectivamente, este fenómeno de desacralización, hecho que es bastante evidente en nuestros tiempos, es claramente una señal de "ceguera" ante la presencia de Dios, y el mismo culto debido por su omnipotencia e infinita bondad. Esto, se puede asociar a diversos factores, entre los que podemos encontrar la Tibieza de algunos sacerdotes, la deficiencia en la catequesis, el pecado de la pereza, la influencia de sectas e ideologías que distorsionan e incluso, niegan la imagen de Dios, entre otras muchas.

2.- La secularización del Clero.
            Desde hace ya muchos años, el clero ha perdido las insignias propias de su figura, como son la vestimenta eclesiástica, los modales, e incluso, la propia vocación sacerdotal, viendo en el sacerdocio una verdadera oportunidad de ganar dinero, poder o influencias, dejando la atención pastoral y la acción litúrgica sagrada delegado a un segundo plano.        Si bien, no es posible atribuir a todos estas características, podremos evidenciar en más de uno de ellos, alguna de las citadas, entre otras muchas. 

            Ahora bien, no es posible encontrar un origen a esta práctica, pero sin duda, podemos decir que es parte de la influencia del mundo moderno en la Iglesia, cuyas consecuencias están a la vista, en cuanto a la pérdida del sentido de lo Sagrado, y la relegación de Dios al último lugar.
3.- El Testimonio de vida.
            Otro aspecto muy importante es el testimonio de vida del sacerdote, que como hombre consagrado a Dios plenamente, debe entregar a los fieles, recordando la acción de Dios en los hombres de bien. El Sacerdote, como figura paradigmática del ministerio sacerdotal de Cristo mismo, debe dar ejemplo, tanto con la palabra como con la obra. Sin embargo, puede evidenciarse que muchos predican de palabra, pero sin el ejemplo de vida. Por tanto, estamos en la presencia de muchos sacerdotes que no entienden la dimensión del ministerio que poseen.
En lo particular, veo que nuestra Santa Iglesia no necesita sacerdotes. Necesita Santos Sacerdotes, que prediquen con la palabra y con el ejemplo, a tiempo y destiempo, siempre mostrando que son sacerdotes, vestidos como tales, atendiendo las necesidades de los pueblos.
No hay nada más triste que ver sacerdotes que prefieren un programa de radio o de televisión, una reunión social, una tertulia con otros sacerdotes, un día en el campo, etc., en vez de atender pastoralmente al pueblo santo de Dios, que muchas veces necesita de la administración de los Sacramentos, o solamente, de una palabra sabia y prudente.
No hay nada más triste que ver sacerdotes que se oponen abiertamente a la enseñanza de la Santa Madre Iglesia, adhiriendo a ideologías que están abiertamente contrarias al mensaje de Cristo, afirmando incluso que la iglesia se equivoca en cosas de moral y doctrina.
No hay nada más triste que ver sacerdotes sin celo por las cosas de Dios y por los valores del Reino.
No hay nada más triste que un sacerdote que no está consciente (o no quiere estarlo) de la Gracia de Dios que es el sacerdocio, y el gran Sacrificio que tiene el privilegio de ofrecer, actuando "In Persona Christi".
No hay nada más triste que un Sacerdote incoherente con su estado, su opción fundamental de vida y su Fe.
            Nuestra tarea hoy es:
1.- Insistir a tiempo y destiempo en la verdadera coherencia con la Fe Cristiana.
2.- Rezar por las Vocaciones al Sacerdocio, pidiendo la Santidad de quienes estan en vías de convertirse en Ministros de Cristo, y la Santidad de quienes ya estan ejerciendo este maravilloso Don y Gracia de nuestro Dios.
3.- (¿Por qué no?) Que los jóvenes nos animemos a responder al llamado de Dios a esta vocación tan profunda e importante, de ser dispensadores de la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, entregando la vida por el anuncio del Reino de Dios…
ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN
DE LOS SACERDOTES
(S.S. PAPA PÍO XII)
Oh Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que por singular generosidad de tu dulcísimo Corazón nos has dado nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que tu gracia inspira en nuestras almas; te suplicamos: ven y ayúdalos con tu asistencia misericordiosa.
Sé en ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que tu palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de tu vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.
Concédeles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen tu mayor gloria. Concédeles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en tus manos la tarea bien cumplida, dales, Jesús, Tú que fuiste su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos. Amén.

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