sábado, 14 de febrero de 2009

De como recibir la Sagrada Comunión.

El tema de como recibir la Sagrada Comunión, como momento hacia el cual tiende toda la acción litúrgica del Santo Sacrificio, ha sido ampliamente tratado, encontrando en medio muchas polémicas. Quizás, la más grande de estas polémicas ha sido en torno a la forma de comulgar: A los defensores de la forma tradicional y universalmente aceptada (al menos en el Papel), que corresponde a comulgar de rodillas y en la boca, se une la práctica de comulgar en la boca, pero de pie. Junto con éstas, aparecen algunos que apoyan la comunión en la mano, según el indulto de "Memoriale Domini" de S.S. Pablo VI.
Queremos, por ello, hacer una breve reflexión, apoyándonos en un artículo del blog Fides et Ratio, del destacado blogger Isaac García Expósito (blog que puede usted visitar aquí). Además, iremos haciendo comentarios tratando de profundizar más en el tema.
Dice el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica que (271):
La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.
Sin embargo, ¿es realmente así? ¿Se pone en el centro de la vida cristiana a la Eucaristía? ¿Se tiene conciencia de que, como dice San Juan Crisóstomo, Cristo «Nuestro Pontífice es aquel que ofreció la hostia que nos purifica. Y ahora ofrecemos también aquella misma hostia que entonces fue ofrecida y que jamás se consumirá (…)» y que «No hacemos otro sacrificio (…) sino que siempre ofrecemos el mismo, o mejor, hacemos conmemoración del mismo» (Homilía sobre la carta a los Hebreos 17 n 3ss)?
Cuando nos acercamos a comulgar, ¿lo hacemos dignamente? ¿Somos conscientes de que vamos a recibir el Cuerpo del Señor y de que hay que recibirlo en estado de gracia, ya que si no se estaría recibiendo la propia condenación? 
[Claramente hoy, muchos católicos no dimensionan el Misterio de la Fe del cual participan, y, por tanto, desconocen lo que reciben realmente: El Augusto Sacramento]

Estos asuntos son de capital importancia. La Iglesia vive de la Eucaristía. Los Santos Padres lo enseñan de forma nítida, clara, expresa. Sus textos utilizan un lenguaje muy alejado de lo que conocemos como lo «políticamente correcto». Hoy serían tildados, sin ningún género de dudas, de «fundamentalistas». Ahora bien, ellos tenían muy clara la doctrina, la importancia de lo que estaba en juego.
Un ejemplo lo tenemos en San Juan Crisóstomo, del cual traigo dos textos a colación. Dicen lo siguiente:
No seamos ingratos con el autor de tanto beneficio en nuestro favor; al contrario, ofrezcámosle todos varonilmente todas cosas, fe, esperanza, caridad, templanza, misericordia, hospitalidad. Y no dejaré de exhortaros también ahora y en lo futuro siempre hacia aquello a lo que hace poco os animaba. ¿Qué es ello? Cuando os acerquéis a aquella tremenda y divina mesa, a los sagrados misterios, hacedlo con temor y temblor, con pura conciencia, con oración y ayuno; no os acerquéis en tumulto, ni dando con los pies, ni empujando a los demás, porque esto es gran soberbia y no pequeño desprecio; y se ganan un gran castigo los que tales cosas hacen. Hombre, piensa contigo mismo qué víctima vas a tocar, a qué mesa vas a ir; piensa que, siendo tierra y ceniza, tomas la sangre y el cuerpo de Cristo.
Si un rey cualquiera os llama a un convite, os sentáis con temor, y coméis con respeto y quietud los manjares que os presentan; pero cuando Dios te llama a su mesa y te presenta allí a su Hijo, donde las potestades angélicas están con temor y temblor, donde los querubines cubren sus rostros y los serafines exclaman con temor: Santo, Santo, Santo Señor (Is 6,2 s), ¿tú te atreves a acercarte voceando y atropelladamente a este banquete espiritual? ¿No caes en la cuenta de que en ese momento conviene que tengas la mente llena de tranquilidad? Se necesita mucha paz y quietud, y no barullo, ira, ni estrépito, porque estas cosas hacen impura al alma que se acerca. ¿Qué perdón habrá para nosotros, si después de tantos pecados ni siquiera en este tiempo en que nos acercamos a la sagrada mesa nos limpiamos de estas pasiones irracionales? Porque en absoluto, ¿qué cosas puede haber más necesarias que las que se presentan en esta mesa? O ¿qué cosas nos pueden urgir para que, abandonado esto, corramos a [lo de] acá [las cosas materiales]? Os ruego y os suplico que no excitemos contra nosotros la ira divina. Lo que aquí se presenta es un remedio saludable para nuestras heridas, son las riquezas que nunca se agotan y que nos dan el reino de los cielos.
Por lo tanto, lleguémonos con temor, demos gracias, arrodillémonos confesando nuestros pecados, lloremos con lágrimas nuestros males, derramemos ante el Señor largas e interiores plegarias; y limpiándonos a nosotros mismos de esta manera, vayamos calladamente, y con la debida modestia, al encuentro del rey de los cielos. Y al recibir esta hostia santa e inmaculada, besémosla efusivamente, y abrazándola con la mirada, calentemos nuestra mente y nuestra alma, para que no nos reunamos para juicio y para condenación, sino para quietud del alma, para amor, para virtud para reconciliación con Dios, para paz firme y para ocasión de mil bienes, para que nos hagamos santos y edifiquemos a los prójimos. De todas estas cosas os hablo continuamente y no dejaré de hacerlo. Porque ¿qué utilidad sacaríais aquí sin más ni más y no aprendiendo nada que sea útil?, ¿y qué provecho trae el hablar de las cosas que concilian el favor?
(Homilía para el día de la Natividad del Señor)

Duro os parecerá lo que voy a decir; pero la negligencia de los más me obliga a decirlo. Judas, aquella última noche, mientras todos los demás estaban a la mesa, apresuradamente salió (cf. Io 13, 30). A Judas imitan los que salen antes de la última acción de gracias. Si no hubiera salido, no fuera traidor; si no hubiera abandonado a los discípulos, no hubiera perecido; si no hubiera escapado del redil, no le hubiera encontrado solo el lobo: por eso lo devoró; si no se hubiera apartado del pastor, no hubiera sido presa de la fiera. En resumen, Judas salió con los judíos, pero los discípulos, después de cantar el himno, salieron con el Señor (cf. Mt 26,30). ¿No ves cómo la última oración después del sacrificio se hace conforma a aquel ejemplo? (…)
Os digo estas cosas no para que alabéis únicamente, ni para que alborotéis o gritéis, sino para que, cuando sea la hora, os acordéis de estas palabras y os distingáis por vuestra digna modestia. Estos se llaman misterios y lo son; y donde están los misterios hay mucho silencio. Por lo tanto, acerquémonos a este santo sacrificio con mucho silencio, mucha modestia y decente reverencia, para que nos ganemos mayor benevolencia de Dios, purifiquemos el alma y consigamos por la gracia y benignidad de Jesucristo Nuestro Señor, a quien juntamente con el Padre, a la vez que con el Espíritu Santo, sea la gloria, el imperio, la adoración, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
(Homilía sobre el bautismo de Cristo)
Estos textos no dejan indiferente a nadie. Agitan las conciencias. ¿Nos tomamos realmente en serio el Sacramento y el Sacrificio de la Eucaristía?
[Estos textos de San Juan Crisóstomo dejan muy en claro lo que la Iglesia expresa a través de la liturgia. Y es más, dejan también en claro los gestos del Santo Padre en relación a una praxis litúrgicamente correcta, como por ejemplo, la comunión de rodillas y en la boca, de manera de ejercitar la piedad de los fieles, y con ello, catequizar sobre el Augusto Sacramento y su infinito valor.]

p.s. En Mercaba nos encontramos una ficha sobre la Catequesis de la Misa que dice lo siguiente:
GESTOS Y POSTURAS CORPORALES EN LA MISA (…)
¿Cuándo hay que estar arrodillados en Misa?
· “Hay que estar de rodillas, a no ser que lo impida la estrechez del lugar o la aglomeración de la concurrencia, o cualquier otra causa razonable, durante la consagración". Es el único momento en que hay que arrodillarse en Misa.
· No se debe hacer ninguna genuflexión antes de comulgar.
[Sin duda, esto último contradice expresamente lo indicado por la Ordenación General del Misal Romano, en su tercera edición:
"Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo haya establecido la Conferencia de los Obispos. Cuando comulgan de pie, se recomienda que, antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia del modo que determinen las citadas normas" [OGMR, n. 160 (III ed.)]
Y precisamente la OGMR cae en una especie de Ambigüedad, dado que muchos interpretan reverencia como una mera inclinación. Las reverencia por excelencia, corresponde a la Genuflexión. Y es claro que cuando uno recibe al Augusto Sacramento, prenda de la Vida Eterna, se debe corresponder con la reverencia por excelencia, que es la Genuflexión. Ahora bien, en caso de enfermedad, se puede reemplazar esta genuflexión por una inclinación profunda. Y todo esto, claramente, debe ir acompañado de una preparación para la recepción de este Santísimo Sacramento, siguiendo el modelo que nos enseña anteriormente San Juan Crisóstomo.]
Podríamos seguir abundando en el tema, sin embargo, hemos dado las principales directivas del caso. Y tú: ¿Sabes y Valoras realmente lo que recibes en la Sagrada Comunión? He allí la diferencia entre un verdadero católico y un perfecto fariseo.
Es por ello la necesidad de formación permanente sobre el Santo Sacrificio de la Misa, de manera de profundizar cada vez más en el Misterio Eucarístico.
Para finalizar, recomendar a todos la piadosa práctica de recibir el Augusto Sacramento de rodillas y en la boca, al menos, los domingos y fiestas de guardar, con motivo de ejercitar la piedad propia y de los demás fieles, haciendo patente el deseo interior de recibir a Cristo en nuestro ser. Hagamos caso al ejemplo que nos da nuestro Sumo Pontífice, el Papa Benedicto XVI, quien como vicario de Cristo en la tierra, nos guía por el camino de la Salvación, que es Jesucristo, el Señor.


In Christo +
MARCVM


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