miércoles, 25 de noviembre de 2009

Las fallas en la "nueva" teología litúrgica.


La Iglesia, hoy en día, se encuentra sometida, de cierta manera, a la excesiva creatividad y al sentimiento de propiedad absoluta de los ministros sagrados y del pueblo, en cuanto a liturgia se refiere. Podríamos atribuir esto a diversos fenómenos que hoy afectan al mundo y a la misma iglesia, como el afán desmedido de reformas y adaptaciones "para el mundo", lo que se llamó el "espíritu litúrgico del concilio", que es manifiestamente es contrario, en no pocas oportunidades, al mismo magisterio de la Iglesia y a las propias directrices litúrgicas, ya sea de origen conciliar (incluyendo el Concilio Vaticano II), así como de la Tradición litúrgica eclesial.

Y si nos ponemos a hilar más fino, encontraremos en el centro del problema algo que no es muy visible a simple vista, que es la teología detrás del acto litúrgico, lo que se denomina usualmente como "Teología Litúrgica".

Las fallas, imprecisiones, arbitrariedades, relajaciones, malas interpretaciones y ambigüedades en esta 'teología litúrgica' son cada vez más notorias. En los seminarios ya no se le dedica el tiempo correspondiente a la Liturgia, sino que es visto como algo accesorio, reduciendo su vital importancia a algunas semanas de instrucción, dejando el trasfondo de todo el acto litúrgico a la imaginación y/o espiritualidad propia del seminarista.

Estas ambigüedades han causado interpretaciones por parte de la nueva partida de "teólogos" rozan en la herejía, ya que cambian completamente el sentido de lo sagrado, reduciendo, por ejemplo, la noción sacrificial de la Santa Misa (que es un aspecto notoriamente fundamental) a un sentido memorial, de recuerdo, de conmemoraciñon, que es muy pobre y reduccionista. Otro ejemplo lo constituye la participación de los fieles en la Misa, que ha pasado de ser una participación activa y contemplativa (correspondiente al carácter sagrado de la Misa y a su origen divino), a tener una participación hiperactiva, molesta, e incluso, desacralizante, ya que realiza gestos, acciones, y ministerios que son propios de la figura del sacerdote, que en la Misa actúa "In Persona Christi" (Otra cosa que muchos sacerdotes de hoy ignoran).

Podríamos agregar muchos más ejemplos sobre el tema, como la música sacra y el arte sagrado, que nos muestran, tal como dice San Alberto Hurtado en su viaje a Europa, cómo un afán excesivo por la renovación (el aggiornamiento diría el Concilio), ha resultado desastrozo para la verdadera teología litúrgica, en continuidad con la tradición de la Santa Madre Iglesia.

Y si este exagerado reduccionismo teológico no fuese lo suficientemente importante, tenemos la abierta oposición de muchisimos "teólogos" (nótese que teólogos, entre comillas, corresponde a la nueva "raza" de teólogos, que creen tener una doctrina superior a la de la misma Iglesia), e incluso de clérigos (sacerdotes, obispos y cardenales, que caben también dentro de la categoría de "teólogos"), que se muestran abiertamente contrarios a todo intento, por parte del Papa actualmente reinante, S.S. Benedicto XVI, por recuperar lo perdido a causa de las corrientes reduccionistas, mediante una auténtica Hermenéutica en continuidad con la Tradición bimilenaria de la Iglesia, por sobre todo, en materia litúrgica.

Personalmente, creo que se ha iniciado en la Iglesia el "Novus Motus Liturgicus", el nuevo movimiento litúrgico, en respuesta a todos los desmanes provocados por el imperante reduccionismo teológico, como una suerte de Contrarreforma a la "reforma reduccionista" (cuya similitudes con la reforma protestante de Lutero, Calvino y compañía, no discutiré aún cuando sean demasiado evidentes y no casuales). Es de esperar que esta reforma consiga el objetivo para la cual ha sido concebida, al menos, en la mente de tantos que la anhelamos: Recuperar el auténtico sentido litúrgico.

Si, hermanos en Jesucristo: LA REFORMA DE LA REFORMA ha comenzado.

1 acotaciones de los Estimados lectores:

IanmNick dijo...

Particularmente esto me inquieta y me quita la tranquilidad el saber que al Concilio le sacan interpretaciones de donde no las hay, y pido a Dios, que le dé larga vida a SS Benedicto XVI, y siga adelante con lo que se llama por ahí "una reinterpretación del Concilio, diferentes a las erroneas que se han tomado hasta ahora"