jueves, 14 de enero de 2010

La falta de fe de los sacerdotes [I]


En la Misa de Gallo de la pasada navidad, el Santo Padre Benedicto XVI ha dicho algo muy claro, que ha sido patente por siempre en la Iglesia, y que hoy en día se ha vuelto algo obsoleto para la corriente litúrgica del rupturismo: "La Liturgia es la primera prioridad. Todo lo demás viene después". Y es que, hoy en día, muchos sacerdotes han olvidado que la Sagrada Liturgia, de donde el Santo Sacrificio de la Misa es su principal componente, es el centro de toda acción dentro de la Santa Iglesia. 


Es lamentable ver como hoy en día, muchos sacerdotes cometen abusos litúrgicos, derivados principalmente de la creatividad y de la ignorancia de los presbíteros. Sin embargo, si comenzamos a analizar y ponderar adecuadamente las causas más profundas, veremos que en el centro del problema está un deterioro progresivo de la Fe en la presencia real de nuestro Señor Jesucristo, y por tanto, en la Iglesia como obra y manifestación del mismo Cristo.


Alguna muestras de ello se pueden evidenciar en el modo de celebrar de cada sacerdote, que en algunos casos, dista mucho del Ars Celebrandi que es propio de la Sagrada Liturgia. Por ejemplo, hay algunos hechos de moderada gravedad, pero bastante significativos, como la supresión de ciertos cánticos (como el Kyrie, el Gloria, el Sanctus o el Agnus Dei), y su reemplazo por otros cánticos sin valor litúrgico y con letras no litúrgicas (como cantos de perdón, villancicos, alabanzas "protestantes", entre otros).
Otro ejemplo de esto está constituido por el uso de las mismas moniciones, como por ejemplo, la omisión de los prefacios propios, y su reemplazo por un mismo prefacio y una misma plegaria siempre (cosa que suele pasar con la Plegaria II, que es la más corta, y que tiene prefacio adicional). También podemos encontrar hecho de hacer el resto del canon entre la consagración y la doxología final en silencio (cosa que no está mal hecha), reemplazándolo por 5 a 6 segundos de silencio, en donde el sacerdote "lee" la plegaria a toda prisa, sin ni siquiera rezarla en voz baja.
Otro ejemplo, aún más desagradable, es la omisión de las genuflexiones después de la elevación de las sagradas formas, y su reemplazo por simples venias, donde se da como excusa la comodidad (esto es más común en los días de semana).
Así mismo, existen otro tipo de abusos, no tan graves, pero que también evitan la oración, como cánticos en momentos no adecuados en la liturgia, como por ejemplo, después de la consagración, entre cada una de las moniciones del Cánon, o bien, con la supresión de los silencios litúrgicos, los signos de la paz como signos civiles y sin valor litúrgico, etc. (mencioné la aberrante cantidad de cánticos antilitúrgicos, e incluso, herejes, pues han sido sacados de autores protestantes???)


Y así, podemos seguir enumerando una serie de abusos, que tienen como común denominador la pérdida de la fe en la presencia real de Cristo en las sagradas formas.

La forma de evitar, y en parte, deshacer todo el daño que se ha inducido con el exceso de libertad y las ambigüedades en materia litúrgica y teológica es fomentar la Piedad Litúrgica, tanto de los nuevos seminaristas, que como nueva savia deben aprender de hacer de la Misa el acto más importante de sus propias vidas, así como de los sacerdotes ya ordenados, para que puedan recuperar la fe en la presencia real, y así, aumentar la piedad y la conciencia de su misión en la Iglesia, así como también del pueblo fiel, de manera de seguir adelante por las sendas del Señor y poder aprovechar las gracias que la Santa Misa nos entrega.


En cuanto a esto, el Sumo Pontífice nos ha dado cátedras sobre catequesis litúrgica: La orientación "Coram Deo" o "Ad Orientem" de la Liturgia, la comunión de rodillas, la belleza de los ornamentos de diverso tipo (corte romano, gótico, estilo francés, español, alemán, así como también nuevos diseños), la eliminación de signos y gestos ajenos a la Liturgia, la recuperación del latín, el fomento al canto gregoriano y a la música polifónica, el retorno de signos y artículos propios de la sagrada liturgia, como el asterisco y la férula papal , entre otros elementos litúrgicos, que no son "vueltas al pasado" o "excesivo trapismo", como han dicho diversos rupturistas, sino que son signos claros de una verdadera Hermenéutica de la Continuidad, es decir, un desarrollo en continuidad con la bimilenaria tradición eclesiástica y litúrgica. El Santo Padre no está dispuesto a reducir a la liturgia a un acto humano individualista, sino que, por el contrario, se ha propuesto reintroducir a la vida de la Iglesia algo que por 40 años ha sido relegado a los baúles y cuartos vacíos de las Iglesias: La pertenencia divina de la Liturgia.


La Liturgia, como acción sagrada, no es algo propio del hombre, sino que es de Dios y para Dios, y por ello, el sacerdote no es el dueño de la Sagrada Liturgia, sino que, por el contrario, la Liturgia trasciende al sacerdote, quien se convierte solamente en un medio, por el cual Dios se hace presente. En efecto, el Sacerdote no es nada sin el poder Divino que le permite, por acción del Espíritu Santo, consagrar las Sagradas Formas, haciendo presente a Cristo en medio de la Iglesia de manera Real y substancial. Así mismo, la Misa no es nada sin el Sacerdote, quien es el medio que Cristo ha dejado a la Iglesia para administrar la gracia. Esta mutua dependencia, donde el Sacerdote, In Persona Christi, hace presente al Redentor,  es motivo imprescindible de reflexión profunda y de una actitud de responsabilidad en realizar este ministerio tan fundamental con la mayor santidad de vida y piedad posible, para alcanzar el ideal, que es ser un Alter Christi, es decir, otro Cristo.


Continuará...

4 acotaciones de los Estimados lectores:

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo. Sólo la falta de fe puede explicar lo que está sucediendo.

Anónimo dijo...

No pretendo restar importancia a la Liturgia, que evidentemente sí la tiene y estoy de acuerdo con lo que dice. Sin embargo, las palabras que cita del Papa están sacadas de contexto para apoyar lo que quiere decir, me parece que hay que ser justo, porque el Papa no quiere decir eso exactamente, quiere decir que lo primero son las cosas de Dios y después las del mundo, pero no específicamente a la Liturgia en cuanto ritos, normas, etc. que es lo que usted parece dar a entender.

Anónimo dijo...

Todo esto es muy cierto, e incluso peor de lo que se describe. Pero todo eso lleva pasando 50 años. ¿No ha habido autoridad en la Iglesia en ese tiempo? ¿No la hay ahora como para que el Papa no pueda ORDENAR lo que hay que hacer, PROHIBIR lo que no se puede y CASTIGAR a los obispos y sacerdotes desobedientes? Porque el Papa es lo que se supone o bien el Papa es un primus inter pares, ambas cosas a la vez, no. Lo que no es admisible es que todos los católicos llevemos décadas mirando hacia Roma y hacia el Papa como cabeza de la Iglesia y sucesor de Pedro y al mismo tiempo el Papa (de Juan XXIII en adelante) parezca no querer ser dicha cabeza y ande siempre con remilgos y dilaciones inadmisibles cuando la fe se hunde, las órdenes se corrompen, los seminarios se vacían y las iglesias se profanan.

MARCVM dijo...

Vamos por Parte:

Anónimo 1: En efecto... Es una de las razones fundamentales del estado actual de la Sagrada Liturgia.

Anónimo 2: En realidad, creo que no es una manipulación, puesto que el Papa ha dicho claramente que esta frase es válida para toda persona.
En efecto, lo dicho por el Papa se enmarca de la siguiente manera:
Una máxima de la Regla de San Benito, reza: «No anteponer nada a la obra de Dios (es decir, al Oficio divino)». Para los monjes, la liturgia es lo primero. Todo lo demás va después. Y en lo fundamental, esta frase es válida para cada persona . Dios es importante, lo más importante en absoluto en nuestra vida .
Claramente se tiene intenciones: la primera es la que usted sostiene (y que yo no niego ni en lo más mínimo). La segunda es una clara alusión a que la Liturgia es siempre primero dentro de la Iglesia, y que esto es válido para todos los bautizados.
Ahora bien, con liturgia, no me refiero exclusivamente a la forma, sino que también al fondo. Hay que recordar que siempre forma y fondo están intrínsecamente unidos en la Liturgia, y que cada cambio en la forma afecta al fondo y viceversa.

Anónimo 3: Yo creo que pasa por un tema de autoridad, la cual se ha visto disminuída debido a la idea, que impera desde el post-concilio, de que el Papa es un Primus Inter Palis, y no el Sumo Pontífice. Esto es una interpretación errónea, que el mismo Pablo VI se encargó de corregir, pero que al parecer no ha tenido el eco que debería haber tenido. Además, creo que en muchos casos, los colaboradores pueden esconder este tipo de abusos, lo que evita que el Papa los pueda apreciar. Los obispos son los grandes culpables, ya sea por omisión o por ignorancia (ellos son los Liturgos por excelencia según Sacrosanctum Concilium).


Saludos a cada uno de los Anónimos que han comentado.