domingo, 7 de febrero de 2010

La falta de fe de los sacerdotes [IV y final]






Comentábamos en los artículos anteriores las diversas acciones y motivaciones que son causa para los abusos litúrgicos, y en general, en los errores doctrinales de muchos clérigos, desde seminaristas hasta los propios obispos. He nombrado, en más de una ocasión, uno de los problemas más graves dentro del ámbito de nuestro estudio, (que es la Liturgia), y que conciernen más centralmente a la Teología Litúrgica.

Este problema, al que hemos denominado 'Rupturismo', es consecuencia de una radicalización de la falsa hermenéutica litúrgica producida en el post-concilio, de un claro aspecto reformador y con un verdadero odio a todas las venerables prácticas litúrgicas y de piedad de la tradición de la Santa Iglesia.

Ahora bien, después de haber hecho este análisis, que por lo demás deja las puertas abiertas a nuevas reflexiones, más profundas y preparadas, queremos dar algunas claves que pueden, de alguna manera, evitar caer en la progresiva pérdida de la Fe, tanto de los mismos clérigos, como también de los mismos laicos. Cabe decir que estas claves no actúan como remedio en si mismas, pero son medios que, con un buen uso y con mucha oración, fructificarán copiosamente.



Un ejemplo de ello es la piedad litúrgica. La terminología "piedad litúrgica" puede ser muy ambigua en algunos casos. Sin embargo, podemos, de alguna forma, intentar sintetizar su contenido en una frase: "La piedad litúrgica es vivir de manera sobrenatural la liturgia".
Intentaremos llegar un poco más profundo analizando esta frase:

1.- "Vivir": El vivir la liturgia no es tan solo participar activamente: El hecho de contemplar los sagrados misterios ya es una forma de vivir la liturgia. La oración en silencio, la vida de oración, el rezo del Oficio Divino, la participación devota del Santo Sacrificio de la Misa, la lectio divina, el Santo Rosario, las novenas, las peregrinaciones, las procesiones, entre otros muchos actos piadosos litúrgicos y paralitúrgicos, contribuyen de manera efectiva en el vivir la Liturgia. Sin embargo, debe ir acompañado siempre de una intención profunda de vivir la Sagrada Liturgia, saliendo de todo lo mundano, ya que la Liturgia tiene su origen y su fin último puesto en la Divinidad de la Santísima Trinidad. Luego, vivir no es solo contemplar las cosas de este mundo, sino que esta constituido por contemplar y hacernos partícipes en el Santo Sacrificio de Cristo en la Cruz, que se renueva de manera incruenta cada día en la Santa Misa.

2.- "de manera sobrenatural": La Santa Misa no es algo normal ni humano: Es de origen sobrenatural, ya que se hace presente Cristo mismo, y se renueva su sacrificio en la Cruz. Por ello, la Santa Misa es un acto sobrenatural, infinitamente lleno de la gracia de Dios y llena también de innumerables frutos para quienes asisten a ella devotamente. Por ello, la Misa requiere una mirada sobrenatural de quienes participen de ella. Dado que la Misa no es algo humano ni natural, el lenguaje claramente es distinto, así como la música y los gestos. No se ocupan las actitudes que se ocupan en el mundo, debido a que la Misa es algo sagrado, y que trasciende al mundo y sus actitudes. De alli que para la Liturgia siempre debe procurarse lo mejor, tanto en lo propio como en lo concerniente a los Demás. Un lugar sagrado digno e insigne, modestamente adornado, así como una vestimenta modesta y ordenada colabora, no solo con mantener un mínimo de respeto por la casa de Dios ("Terribilis est locus iste"), sino que también colabora con la sintonía de todos en los misterios divinos, y no en la distracción. Así mismo, una predisposición hacia los divinos misterios, ayuda a crecer en la fe, a la vez que edifica la fe de quienes pueden visualizar los gestos y actitudes de una persona, de manera de aprender a vivir mejor la liturgia. Recibir la Sagrada Comunión de rodillas y en la boca no es un "arcaísmo", sino que una forma piadosa de recibir en adoración al Señor, como niños ("Quasi modo geniti infantes" reza el introito del Domingo "in Albis", hoy, segundo de Pascua). De la misma manera, el rezo de las oraciones para antes de Misa, ofreciendo el Santo Sacrificio por alguna intención en particular, o bien, las oraciones propias del sacerdote para preparar la Santa Misa, así como el rezo de las Preces Leoninas, y de otras plegarias de acción de gracias para después de la Misa. 

Todas las anteriores recomendaciones, entre las cuales podríamos agregar muchas otras devotas prácticas, deben siempre ir acompañadas de una sincera intención de participar en el Santo Sacrificio, y no ser tomadas como "plegarias mágicas" o costumbres, ya que con ello se desvirtúan totalmente.
Para finalizar esta secuencia de artículos, quisiera remitirme a un hecho muy importante: La necesidad de recuperar el Sentido de la Liturgia. Hoy en día, la Iglesia ministerial ha perdido en parte el sentido auténtico de la liturgia, y se ha apartado de la verdadera doctrina. Ya no se hace, comunmente, de la Misa el centro de la vida de la Iglesia, ni tampoco se predican las verdades de la fe. El problema radica en que muchos clérigos han entendido de manera rupturista el sentido de "aggiornamiento" de la Iglesia a los nuevos tiempos, que promovió el concilio vaticano II, y han "aligerado" la fe, haciendo que muchos la pierdan de manera muy fácil, ya que no han creado en los nuevos miembros de la Iglesia un fuerte cimiento para defender la fe de las tentaciones del demonio.
Luego, es necesario recuperar el sentido de la Liturgia, su sacralidad, su importancia, su decoro, la participación piadosa, la vida devota, la vida ejemplar de los clérigos, una enseñanza firme de la verdadera doctrina de la Iglesia, una eliminación de términos débiles y que, aunque son muy bonitos, no dan espacio a la profundización de la fe (tales como "Dios te ama", "a Dios no le importa el pecado", etc.).
Finalmente, hacer hincapié en eliminar el Sentimentalismo de la fe, que hoy se encuentra ampliamente extendido. Como me hace recordar un preciado amigo, seminarista, en muchos lugares se ha extendido la práctica de que, cuando uno no siente la presencia o la acción de Dios es porque no existe su presencia. Este problema se puede evidenciar de manera muy fuerte en algunos grupos "protestantoides", es decir, ligados al protestantismo, como algunos de los movimientos carismáticos, así como de otros grupos de más difícil detalle. También es un problema que afecta a muchos, y que muchos sacerdotes y laicos han extendido en la Iglesia, creando desconcierto.
Urge, por lo tanto, profundizar en la fe y en la teología litúrgica por parte de los fieles, haciendo uso de todas las herramientas disponibles: Catequesis, Homilía, cursos, reuniones, charlas, etc. Sin embargo, existe una herramienta que será la más productiva y eficaz en este aspecto, que es la Liturgia bien celebrada, por un sacerdote piadoso, que pueda compenetrarse en los Misterios Divinos de los que es parte 'In persona Christi', y que procura hacer que los fieles se compenetren junto con él en el Santo Sacrificio de la Misa.

Aprovechemos los innumerables frutos que pueden ser sacados de una fervosora participación en el Santo Sacrificio.

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Para revisar los anteriores artículos:

2 acotaciones de los Estimados lectores:

ecclesiaprimus dijo...

Excelente secuencia de articulos, de los cuales todos, sin excepcion, pueden adquirir un sentido de la direccion, asi como los detalles de la debacle post-Vat.II

Francesco dijo...

MARCVM:

Te felicito por esta serie de artículos, muy interesante y realmente valiosa, que recuerda algunos aspectos muy importantes que no pueden dejarse de lado. Me complace ver que tu conclusión, luego de este extenso análisis, es precisamente la necesidad de recuperar el sentido de la Liturgia.

Es significativo (¡y puedes sentirte orgulloso de ello!) que a esta conclusión ha llegado también el Cardenal Prefecto de Culto Divino luego de un año de trabajo en este Dicasterio que se ocupa de algo tan central en la vida de la Iglesia y tan fundamental en este grandioso Pontificado. En un artículo publicado en la edición española de L'Osservatore Romano, que quisimos reproducir en la Buhardilla hace algunos días, el Cardenal Cañizares hablaba precisamente de la "necesidad apremiante que hay de que la santa liturgia sea en nuestros días el centro y el corazón de la vida de la Iglesia".

Que el Señor nos ayude a todos, especialmente a los sacerdotes, a que esto sea así. Que renueve y aumente constantemente las fuerzas de nuestro Santo Padre, "este hombre providencial", como dice el Cardenal en ese artículo. Y que ilumine a sus colaboradores en el Dicasterio de Culto Divino para que puedan emprender esta obra tan importante.