martes, 21 de diciembre de 2010

Ad Orientem [I]



Un ejemplo bastante notable de una mala aplicación de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, debido claramente a una pésima hermenéutica de los documentos emanados del mismo, corresponde a la sistemática prohibición de la celebración Ad Orientem, y su reemplazo por la celebración Versus Populum.

Profundizaremos un poco al respecto.

I.- ORIENTACIÓN LITÚRGICA EN LA IGLESIA PRIMITIVA Y SU DESARROLLO


La Tradición de la Iglesia nos muestra que la orientación litúrgica hacia el oriente se remonta a los principios de la iglesia, en las comunidades primitivas. Dicha orientación de la oración mantiene su sentido en forma clara hasta bien entrado el segundo milenio, según nos lo enseña el Papa Benedicto XVI, durante su Cardenalato, en la obra "El Espíritu de la Liturgia". En dicha obra hace una síntesis muy precisa, avalada en reconocidos litúrgistas e historiadores sagrados.


La orientación hacia el oriente en la oración y, por ende, en la Sagrada Liturgia, contiene en si misma una expresión muy gráfica de la síntesis cristiana de la Historia de la Salvación: En ella, la oración se dirige a Dios Padre, por acción del Espíritu Santo, quien envió a su Hijo, el Verbo de Dios, para Redimirnos; que se nos entrega como Prenda de vida eterna, de manera admirable, el Santísimo Sacrificio del Altar, en el cual Jesucristo mismo se hace presente, real y sustancialmente, por obra del mismo Espíritu Santo, en medio de su Iglesia que es el Cuerpo Místico de quien Él es cabeza; y que vendrá nuevamente en las postrimerías de la historia con Gloria y Majestad. Por ello, la orientación es hacia el oriente, ya que nos muestra, en un primer aspecto, la espera vigilante del Mesías, que es el Sol que nace de lo alto, desde el Oriente; en un segundo aspecto, la orientación nos revela la importancia de que, en virtud de nuestro sacerdocio común, nos asociemos al Sacerdote, quien en virtud del Sacerdocio de Jesucristo actúa "In Persona Christi", ofreciendo al Padre el Sacrificio Puro, Inmaculado y Santo, que es su propio Cuerpo y Sangre, obteniendo de este Santo Sacrificio, la santificación de cada uno de nosotros; Finalmente, en un tercer aspecto, señala de manera elocuente la espera del Cristiano, en forma vigilante, de la segunda venida del Salvador, quien viene en Gloria y Majestad (como el Sol naciente), a juzgar el mundo y consumar todas las cosas en Él.


Inicialmente, podemos ver que en los tiempos de la "Domus Ecclesiae" primitiva, la orientación litúrgica comienza a ser hacia el oriente, dentro de las posibilidades del lugar, debido a que esto provenía directamente de la tradición judía de la sinagoga, donde todos se dirigen hacia las sagradas escrituras, que vienen a ser la forma de suplir la presencia divina contenida en el Sancta Sanctorum del templo de Jerusalén, destruido en el primer siglo de nuestra era. Por ello mismo, las Sinagogas poseían dicha orientación, y por ende, el Cristianismo primitivo la adoptó por ser la Sinagoga parte integrante de la Liturgia (lo que hoy correspondería una especie de "Liturgia de la Palabra").
Posteriormente, y con la Paz Constantiniana, se pudo comenzar a construir edificaciones, correspondientes hoy a las grandes basílicas e iglesias, las cuales fue posible orientar correctamente hacia el oriente, siguiendo la tradición judaica, pero dándole un significado diferente: La orientación litúrgica es hacia el Oriente, porque del Oriente nace el Sol, que representa a Cristo. Por ello, en las basílicas e iglesias construidas en el período, ya sea de oriente o de occidente, se encontraba, en un ábside (que corresponde al lugar orientado), una imagen del Cristo triunfante (o del Padre en algunos casos), conocida como el "Pantocrator", que era el signo visible y patente de esta orientación litúrgica hacia Dios.


Con el nacimiento de la Reserva Eucarística en el Sagrario, éste fue colocado al centro, y con ello, se realzó con mayor fuerza la orientación de la Liturgia hacia Dios, que está también realmente presente en dicho lugar litúrgico (correspondiente, frecuentemente, con el ábside, y en algunos casos, el altar mayor, cubierto con el baldaquino, del cual se encontraba suspendida la "Paloma" que contenía la reserva eucarística).


Posteriormente, el desarrollo del dogma cristológico y la evolución de la tradición de la Iglesia, principalmente en cuanto a lo relacionado con la arquitectura sagrada, provocó un cambio notable, cuando el Pantocrator fue reemplazado progresivamente por crucifijos con la Imagen de la Pasión, lo cual, en cuanto al tema de la orientación, no hace más que reafirmar la orientación litúrgica hacia Dios, aunque centrándose particularmente en la Pasión, muerte y Resurrección, que son los hechos que con mayor fuerza se desarrollan en el Santo Sacrificio Eucarístico. La frase "Mirarán al que traspasaron" de San Pablo, es una forma sintética que permite describir la importancia de la orientación litúrgica durante estos tiempos, los cuales perduraron sin mayores cambios hasta los tiempos previos al Concilio Vaticano II.


(Continuará...)


PD: Este artículo se terminó de escribir precisamente el día 21 de diciembre, día en que, en las vísperas, se corresponde con la Antífona "O Oriens", tan conocida por ser una de las antífonas mayores de Adviento, en preparación a la Santa Navidad.

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