sábado, 22 de junio de 2013

Sequentia 'Annotamentum': Sobre el Sacramento de la Confesión [I]

Para retomar el blog después de un largo tiempo en el cual no pude escribir, publicaré, en breve, una nueva secuencia de artículos denominada Sequentia 'Annotamentum', donde en diversas entregas, dispondré algunos pensamientos y escritos que espero aporten a visualizar los puntos críticos en la disciplina de los sacramentos que actualmente se llevan a cabo, y de modo de proponer algunas soluciones que permitan lograr el objetivo de los sacramentos, que es la Santificación de los fieles.
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§1.- Sobre el Sacramento de la Confesión 
[I -  Lo Pastoral].


El Sacramento de la Confesión (o Penitencia) es uno de los sacramentos en que la praxis del mismo es absolutamente crítica para la Iglesia misma y la disciplina de los sacramentos que de ella dependen en cierto grado.

Sabemos que este sacramento es necesario en la vida del Cristiano para recuperar la Gracia perdida a causa de nuestros pecados, por lo que su regularidad debiese ser parte de la norma de vida, aún cuando la Iglesia lo obliga al menos una vez al año y en peligro de muerte. Sin embargo, es posible evidenciar que muchos Católicos no pasan por este necesario sacramento, por diversos motivos, y aún así reciben otros sacramentos, como la Sagrada Eucaristía, sin la debida preparación del alma.

Para poder encontrar y proponer soluciones, debemos primero encontrar los motivos y causas que mueven al Cristiano a evitar este sacramento, negándose (aún sin conciencia perfecta) a la Gracia renovadora de Dios, y por ende, exponiéndose a los ataques del Demonio. Estas motivaciones tienen un doble origen: Doctrinal y Pastoral. En muchos casos, inclusive, los errores doctrinales son patentes en la práctica pastoral de cada uno de los sacramento. Por ello, trataremos de evidenciar las motivaciones y problemas en la disciplina de este sacramento.

1.1.- Problemáticas Pastorales en el Sacramento de la Penitencia.

Abordaremos primero lo relativo a lo pastoral, debido a que es un aspecto más subjetivo, y por ende, de mayor complejidad. 

Dentro de las problemáticas atingentes que podemos encontrar en la administración de este sacramento, se encuentra lo relativo al lugar. A nadie escapa el hecho que, actualmente, el uso del confesionario es cada día más escaso, siendo frecuentemente reemplazado por un despacho, una esquina (de algún salón o del mismo templo), o una banca. 

El uso del confesionario como lugar privilegiado del sacramento proviene (ya oficializado) del Concilio de Trento. La motivación principal de su uso (y la más formal, por decirlo de alguna forma) refiere a la necesaria "privacidad" que debe tener tanto el penitente como el confesor, de modo de evitar exponer los pecados del penitente y la respuesta del confesor (ya que en muchos casos, el sacramento permitía la dirección espiritual del penitente). 

Sin embargo, una motivación más práctica para el uso del confesionario tiene que ver con algo tan natural en el ser humano como es la vergüenza. Todos quienes nos hemos confesado al menos una vez en la vida, hemos sentido vergüenza por nuestros múltiples pecados, y en muchos casos, hemos temido ser juzgados por el Sacerdote (muchos, sin saber las consecuencias que tendría para el sacerdote el ventilar los pecados del penitente fuera del ámbito sacramental). Por ello, muchos feligreses omitían el sacramento. En cierta forma, la implementación de esta atmósfera "reservada", permitió al penitente sentir confianza para confesar sus pecados, recibir la amonestación merecida y recibir la absolución y la penitencia.

Hoy, pese a que el mundo ha cambiado muchísimo respecto a aquel lejano concilio tridentino, la vergüenza sigue siendo un tema relevante en la administración del Sacramento. Lamentablemente, después del Concilio Vaticano II, muchas corrientes pseudoteológicas (identificables como el "espíritu del concilio"), amparadas en la más amplia y mal entendida libertad, abogaron por una eliminación de todo rastro que pudiere llevar a recordar la praxis tradicional de los sacramentos. Y por ende, la desaparición del Confesionario, lugar de amargura y penitencia, pero también de Misericordia y Gracia de Dios, fue el primero en ser atacado sistemáticamente. Por ende, la administración del sacramento salió del confesionario hacia otros lugares menos dignos, que han eliminado la atmósfera sagrada y privada del sacramento. Y todo lo anterior, sin que la vergüenza de un paso atrás en las personas.


Trono de Justicia y de Misericordia

Además, existe otro factor relacionado con el lugar del sacramento. Como muchos recordarán, los confesionarios contaban, en muchos casos, con la iluminación necesaria para permitir al sacerdote una cierta comodidad e iluminación, lo cual permitía la dedicación de tiempo al sacramento, y el aprovechamiento del tiempo sobrante (es decir, cuando no existían penitentes), al rezo del breviario y del rosario, a la meditación, a la preparación de los sermones y de otras actividades sacerdotales.
Cuando cae en desuso el lugar, se pierde una cierta rutina de trabajo, lo que ha ocasionado graves consecuencias: Menos disponibilidad de sacerdotes en la Iglesia para confesar a los penitentes y la creciente necesidad de "pedir turno" para un cierto horario en la semana (comúnmente muy acotado) en el despacho parroquial.

Como podemos ver, el segundo aspecto pastoral, que es la imprudencia de muchos sacerdotes, es parte principal del problema relacionado con el sacramento. Si los fieles no encuentran las condiciones para el sacramento, existirá gran cantidad de ellos que no se acercarán al mismo (por mucho que se les hable de "perder la vergüenza"). Aún más grave es cuando no encuentran al ministro, debido a que la vida pastoral de muchos sacerdotes se ha transformado en una suerte "administración" de la parroquia, agregando tiempo a reuniones y otros quehaceres (comúnmente sin mayor relevancia), restando ese tiempo a las cosas que son fundamentales en la salvación de las almas, algo que es su labor propia.

Existe un detalle espantoso: Hoy es posible constatar que la cantidad de confesiones no se relaciona (en lo más mínimo) con la cantidad de comuniones, lo cual significa que hoy tenemos parroquias repletas de Santos, o repletas de Sacrílegos (algunos, la gran mayoría probablemente, sin conciencia de ello).

¿Qué hacer?


Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam Tuam.

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En la próxima entrega, hablaremos de la otra vertiente de problemáticas, que está constituido por las dificultades doctrinales respecto al sacramento.-

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