miércoles, 4 de diciembre de 2013

50 años de Sacrosanctum Concilium: ¿Y ahora qué?

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Este 4 de diciembre se celebra el aniversario número 50 de la primera constitución emanada del Concilio Vaticano II: Sacrosanctum Concilium. Este documento genera en muchos católicos, particularmente entre quienes tienen una particular sintonía con la Liturgia, una doble sensación: Una de ánimo, puesto que en la constitución se plantea un legítimo desarrollo del Rito Romano y que recoge, de cierta forma, muchas de las premisas que se desarrollaron en el Movimiento Litúrgico del siglo XX, en sintonía con la Tradición de la Iglesia. Sin embargo, también produce una amargura al saber que en ella misma se encuentran las puertas abiertas a lo que sucedió después: una reforma litúrgica que, más allá de reformar la liturgia, vino a transformarla en algo nuevo: No se continuó el desarrollo “orgánico” que la Tradición supo mantener en la Liturgia, sino más bien vino a crear un nuevo rito, nacido de “mentes litúrgicas” que no valoraron ni respetaron el ritmo del desarrollo litúrgico en continuidad con la Tradición de la Iglesia.

 

Para poder llegar a una conclusión tan potente, basta solo con mirar detenidamente los estandartes de lucha que la reforma litúrgica dejó en muchos católicos, y que se suelen reconocer como los grandes logros del “Concilio”: La Abolición del Latín y su reemplazo por las lenguas vernáculas, y la Misa de cara al pueblo. En estos dos aspectos se puede, de inmediato, establecer que la Reforma de 1970 no fue realizada según la mens de los Padres conciliares, sino que fue una serie de decisiones personales o grupales, de paneles de expertos que (ávidos de novedades,) no tuvieron en cuenta el desarrollo orgánico de la Liturgia a través de los siglos.

Curiosamente, estos tan reconocidos “logros” del concilio nunca estuvieron presentes en los documentos conciliares.

Por ejemplo, analicemos el caso del Latín. La Constitución dice en el número 36:

Original (Latín)

 

Traducción (Español)

36. §1. Linguae latinae usus, salvo particulari iure, in Ritibus latinis servetur.

 

36. § 1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.

§2. Cum tamen, sive in Missa, sive in Sacramentorum administratione, sive in aliis Liturgiae partibus, haud raro linguae vernaculae usurpatio valde utilis apud populum exsistere possit, amplior locus ipsi tribui valeat, imprimis autem in lectionibus et admonitionibus, in nonnullis orationibus et cantibus, iuxta normas quae de hac re in sequentibus capitibus singillatim statuuntur.

 

§2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes.

 

Y como vemos, es totalmente lo contrario a lo que sucedió en la reforma. El documento conciliar declara tajantemente  que el uso del latín, como lengua litúrgica de la iglesia, se debe conservar. Aún más, como se puede leer en el párrafo 2 del mismo número, se explicita que la lengua vernácula es útil y puede ser utilizadas en algunos momentos particulares, como en las lecturas (lo cual es deseable, siempre que la traducción sea la adecuada), así como en las moniciones (que hoy parecen una verdadera plaga por su número y extensión), en los cantos (sin reemplazar a los propios, sino que como cantos adicionales para acompañar algunos momentos como la procesión de entrada, el ofertorio, la comunión y la salida).

Los padres conciliares tuvieron muy claro el hecho de que el Latín, como lengua de la Iglesia, proporciona un signo de unidad litúrgica muy fuerte, así como también, una protección eficaz contra la “deriva del lenguaje” que afecta a las lenguas vernáculas (Por ejemplo, muchas palabras que, antaño, parecían normales, hoy han sido transformadas en palabrotas y groserías de grueso calibre).

El resultado es públicamente conocido: La abolición “de hecho” del latín y la proliferación de las traducciones a una multitud de idiomas que, en muchos casos, no cuentan con la necesaria autorización de la Iglesia, y que por ende, presentan graves errores teológicos y litúrgicos.

 

Por otro lado, la Misa cara al pueblo es otra de los “logros” que se le adjudican al concilio. Pues bien, en Sacrosanctum Concilium no existe referencia alguna respecto a la orientación del celebrante. La primera referencia se tiene directamente en la instrucción post-conciliar para la correcta ejecución de la reforma litúrgica, llamada "Inter Oecumenici”, la cual fue redactada por el Consilium para la aplicación de la reforma. En este documento, podemos encontrar la siguiente referencia (en el número 91):

91. Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, de modo que se pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo. Y ocupará un lugar tan importante en el edificio sagrado que sea realmente el centro adonde espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles.

 

Queda claro que la palabra “conviene” no queda sujeta a la celebración de cara al pueblo, sino a lo primero, que es poder girar fácilmente en torno a él. En instrucciones posteriores y en la primera versión de la Instrucción General del Misal Romano se clarifica la situación y, en muchas declaraciones posteriores por parte de los prefectos de la Sagrada Congregación de Culto Divino, que la celebración Versus Populum es solo una posibilidad más.

El resultado de esto es también públicamente conocido: El destierro de la celebración de cara al altar, su prohibición por parte de muchos obispos y, por cierto, la destrucción de numerosos altares artísticamente diseñados para dar paso a construcciones de cuestionable dignidad y calidad artística.

 

Mass-Coloquiuum

 

Ante estas evidencias, nace una pregunta: ¿Que hacer?…

[Continuará]

3 acotaciones de los Estimados lectores:

Anónimo dijo...

ESTIMADOS HERMANOS:
Solicito confesarme para mi perdon de los pecados por mi masturbacion parafílica por unas calumniadoras y por mi embriaguez porque venero a un Dios maya de los vicios nacionales de mi país (San Simón Maximón) por mantener la union aborigen de mi nacion. Tambien solicito mi inmunidad divina por tales pecados como una remision mesiánica inmediata por mis circunstancias atenuantes de la ley cristiana circunspecta en calidad de omision pecaminosa.

Atentamente:
Jorge Vinicio Santos Gonzalez,
Documento de identificacion personal:
1999-01058-0101 Guatemala,
Cédula de Vecindad:
ORDEN: A-1, REGISTRO: 825,466,
Ciudadano de Guatemala de la América Central.

Gustavo dijo...

Creo que una verdadera valoración de la riqueza de la Sacrosanctum Concilium es verdaderamente entendida en su real contexto histórico. Un aspecto importante y sorprendente al mismo tiempo es que sea promulgada por un Concilio como Constitución Dogmática (que no es necesario aclarar auqí todo lo que ello implica). Lejos de intentar caer en un fundamentalismo, creo que hay que considerar en primera instancia que la reforma litúrgica, coronada en el Vaticano II, es fruto de un camino realizado desde el pontificado de Pio X, el gran aporte otorgado por el movimiento litúgico, remarcando el gran aporte dado por Gueranger, el monasterio de María-Lach y el profundo pensamiento de Odo Casel, cuyo pensamiento es recogido, no rigurosamente pero si en sus más profundas ideas, por Pio XII y luego el Vaticano II hará mucho énfasis en su propuesta fundamental conocida como mysterienlehre (doctrina del misterio), donde la misma celebración de los divinos misterios en la liturgia hace realmente presente la misma obra salvífica y redentora de Cristo, particularmente por medio de la Eucaristía. Celebrando el hoy del misterio vivimos en el hoy de la eternidad que nos anticipa lo que esperamos. Toda la reforma conciliar no hace otra cosa que expresar la dimensión mistérica de la liturgia. Pretender encontrar un elenco de rúbricas en la constitución es totalmente inapropiado y buscar en ella motivos para fundamentar practicismos litúrgicos es inapropiado. La Reforma Conciliar ha buscado una mayor y plena participación de todos los hijos del Padre en un mismo banquete, de un único sacrificio. La liturgia debe superar los gustos propios y ajenos, ella no es un servicio personal sino comunitario y se debe ser humilde aceptando lo que la Iglesia, en la voz de sus pastores señala. La indicaciones no las encontraremos en la COnstitución Dogmatica sino en los documentos posteriores y en los libros litúrgicos. Pretender encontrar en la constitucion dogmática un fundamento para mantener el Latín y la misa de cara al altar y espalda al pueblo es un fundamentalismo sin base teológica y más aún, olvidando la verdadera actitud que la fe pide: humildad y tener presente que el lenguaje del cristiano no es ni el Latín, ni el griego ni el hebreo ni el arameo, el lenguaje del cristiano es el lenguaje del amor. La liturgia si no se reviste de amor no va hacia ningún lado. Volver a la Sagrada escritura y los Padres hace entender el fundamento de la reforma litúrgica, poner la mirada en Trento hace quedarnos en una etapa de la historia.

Fernando dijo...

Coincido en grandes líneas con lo expuesto por Gustavo. Sí me parece subrayar la necesidad de hacer un balance crítico de lo que se ha hecho hasta el momento y es aquí, donde encontramos una gran divergencia entre lo que se dijo y lo que se hizo. El valor de la Sacrosanctum Concilium es innegable pero debemos ser sinceros, con Dios y con nosotros mismos, que la manera y el contenido de la aplicación de las enseñanzas de la constitución conciliar llevaba a cabo por el Consilium ha sido en muchos casos lamentosa.
Qué podemos hacer? Bueno, pienso que un primer paso es rezar y rezar y rezar. Segundo, traer esta discusión sobre la mesa, incitar a la Iglesia a que reflexione sobre el valor y la importancia de la Liturgia para la vida y la misión de la Iglesia a través de cursos, charlas, congresos pero sobre todo, con celebraciones dignas! Un tercer paso sería hacer una síntesis entre la forma extraordinaria y ordinaria del Rito Romano pues, me parece evidente recuperar ciertos elementos de la liturgia romana preconciliar que pueden ayudar a profundizar y enriquecer la liturgia postconciliar. Cuarto, poner un énfasis en la formación de nuestros catecúmenos, empezando por nuestros propios hijos, sobre la Liturgia pero no cayendo en la tentación de querer explicarlo todo porque no se puede ya que en realidad es una iniciación: "Ven hermano, ven, toma mi mano y ven conmigo al encuentro del Señor". No trasmitimos conocimiento abstracto nada más sino y fundamentalmente, la alegría de encontrarnos con el Señor Resucitado.
Después, esperar en el Señor que el continúe la obra que ya ha iniciado en nosotros. Saludos