jueves, 20 de febrero de 2014

La oración de los fieles

A continuación, presentamos la traducción de dos interesantes artículos sobre la oración de los fieles y su utilidad. Esta oración, adicionada al Novus Ordo, ha sido en muchos casos el espacio para la improvisación litúrgica sin límites, aún cuando existen ciertas normas para poder realizarla con dignidad y decoro.

 

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La distractora Oración de los Fieles
publicado el 16 de Mayo de 2013 por el Dr. Peter Kwasniewski
(original: The Distracting Prayer of the Faithfull)

En el espíritu de la Reforma de la Reforma, uno podría cuestionar el rol en la Misa nueva de la Oración de los Fieles (o Intercesiones Generales) [Nombre común que recibe en mundo Angloparlante, N del T.]. Una variada colección de peticiones, por lo general pobremente escritas y leídas aún más pobremente, perturba el flujo natural de la Liturgia a medida que avanza desde las lecturas hacia la Profesión de Fe, la cual es la respuesta natural a la revelación que hace Dios de Sí mismo, y hacia el Ofertorio. La homilía oracion de los fieles_514-1amenaza también con perturbar el flujo de la Liturgia, debido a que representa un eje humano más temporal de la Liturgia, pero una buena homilía no debe durar más que unos pocos minutos, y si es realmente buena, despertará el apetito del alma por el Pan de Vida a través de la meditación de la Palabra de Dios. Con el canto solemne del Credo, el eje de la Eterna Divinidad de la Liturgia se reafirma decisivamente a si mismo, como el alma ejercita el don de la Fe y se prepara para llevar las ofrendas al altar, donde el Señor las transformará en la ofrenda de Sí mismo. Mirando desde “arriba”, examinando la estructura y el flujo de la acción litúrgica, las plegarias de intercesión [intenciones de la Oración de los fieles, N del T.] marcan el más incómodo quiebre en la acción litúrgica.

Esta Oración de los Fieles es diferente en la liturgia de Viernes Santo, porque ésta liturgia es radicalmente diferente, sin dudas, de la forma en la que ha evolucionado para los demás días del año. Las plegarias de intercesión pública tienen todo el mayor poder y fuerza para ser especial y solemnemente recitadas en el Viernes Santo, el día en el cual recordamos el evento histórico del Sacrificio del Señor y su muerte. Uno es casi golpeado por el poder de la Liturgia del Viernes Santo; Uno es llevado contundentemente aguas abajo adoptando sus características y distribuyéndolas ampliamente, aunque superficialmente, a lo largo del año.

Uno puede hacer un argumento similar respecto a la Misa Rezada y a la de Réquiem, que sirvieron de modelo para el Novus Ordo. Mientras que ellos construyeron su propio contexto limitado, la Misa rezada y la de Réquiem sirvieron perfectamente para sus propósitos. Tan pronto como las características de la Misa rezada de Réquiem llegaron a ser la Misa “estándar”, el balance fue destruido. Si los reformadores estaban tan preocupados sobre la hegemonía de la Misa rezada y de la Misa diaria por los difuntos, ellos podrían haber encontrado caminos más inteligentes para limitar esas prácticas en lugar de permitirlas efectivamente, sin hacerse cargo de esta situación. Hoy en día, casi todas las Misas son Misas rezadas, y la Misa de Difuntos en si misma ha sido “rebajada de solemnidad” hasta tal punto que rara vez parece ser lo que realmente es. Inclusive, las cualidades que eran preciadas en la Misa rezada y la de Réquiem fueron destruidas, irónicamente, tomando los elementos “menos solemnes” y rebajándolos en la medida de lo posible, sin viciar la validez de la Misa como tal.

Volviendo a la Oración de los Fieles: Es innecesario establecer una parte separada de la Liturgia para estas intercesiones, siempre y cuando se mantengan (como es debido) el Canon Romano, con sus bellísimas intercesiones por la Iglesia, el Papa, el Obispo, los sacerdotes y el pueblo, y, después de la consagración, por los fieles difuntos. Hay una pausa en el “Memento, Domine, famulorum famularumque tuarum…” [“Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas…”, N del T.], para recordar a quienes les hemos prometido rezar por ellos y por todos nuestros seres queridos. De la misma manera, el “Placeat tibi…” [“Te sea agradable…”, que es la oración que reza el sacerdote antes de la bendición final de la Misa. N del T.] es una oración de intercesión y con toda razón: ella pone fin a la majestuosa acción del Sacrificio iniciado en el “Suscipe, Domine…” [Según mi parecer, el autor se refiere al “Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis…”, que traducido es “El Señor reciba de tus manos este sacrificio…”, que marca un momento que culmina el ofertorio y encamina hacia la Consagración, que es el centro de la acción litúrgica. N del T.] y trazando un arco cuyo apogeo es la Elevación y cuyo perigeo, si puede decirse así, es el “Domine, non sum dignus”, cuando glorificamos al Cordero de Dios, de infinita santidad, rogándole que sane nuestras almas para que pueda entrar y hacer Su morada en ellas. El fin se junta con el inicio en un ciclo que no es el desesperado ciclo del eterno retorno de Nietzsche, sino que es la alegre certeza de la Fe: El que creó el mundo al principio, El que lo volvió a crear mediante Su encarnación, volverá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y le dará a Sus fieles servidores la recompensa de la felicidad eterna.

 

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¿Qué hacer con la Oración de los fieles?
publicado el 20 de Octubre de 2013 por Fr. David Friel
(original: What to Do with the Prayer of the Faithful)

 

Las Intercesiones Generales [nombre común que recibe la Oración Universal en el mundo angloparlante, N del T.] se supone que son solo eso: Intercesiones generales. Muy a menudo, sin embargo, la oferta de intenciones que ofrecemos enalcaldesa la Misa es más específica que general y más a modo de comentario que como peticiones.

Muchas parroquias usan servicios de subscripción [por ejemplo, los clásicos subsidios tipo cuadernillos u hojas sueltas elaborados por algunas editoriales, N del T.] para proveer las intercesiones de cada Domingo o, incluso, de cada día en la liturgia. Algunos de los errores se relacionan con aquellas corporaciones, las cuales podrían hacer un mejor trabajo en la composición de los textos. Otros errores también descansan, en algunas oportunidades, en los lectores a quienes les gusta añadir una petición final motivando a los fieles a añadir sus “intenciones particulares” en el silencio de su corazón. Peor aún son las invitaciones a las “intercesiones tipo Popcorn” cuando algunas de las intenciones personales son realizadas en voz alta desde la asamblea. Puedo estar muy en desacuerdo con la necesidad de crear plegarias de intercesión entre los fueles, pero ¿No sería mejor para quienes asisten a la Santa Misa en realizar estas intenciones para la Misa antes de que la Misa comience?

El profesor Kwasniewski planteó preguntas bien pensadas respecto al propósito y a la naturaleza de la Oración de los fieles en un artículo previo [El que presentamos anteriormente, N del T.]. Me gustaría añadir una crítica complementaria a todas las que él ofrece.

Mis reservas sobre el centro de la Oración de los Fieles tienen relación con el hecho de que esos textos pueden ser compuestos libremente. Cualquier momento en la Liturgia Romana, cuando existe una concesión para componer un texto litúrgico, debe ser tomado con cautela. La tercera edición del Misal Romano en inglés removió, sabiamente, numerosos casos de la infame frase “con éstas y otras palabras similares”. Aunque la composición local de las peticiones es ciertamente permisible, ¿Es recomendable? ¿Podría no molestarme que la Editorial Litúrgica, la secretaria parroquial, o inclusive el celebrante puedan componer libremente los textos para ser usados en la Santa Misa?

Por supuesto, existe un formato general al cual las peticiones de la Oración Universal deberían adecuarse. Existen incluso series de ejemplo en un apéndice en el Misal Romano. Sin embargo, la práctica común es usualmente bastante divergente de las normas esperadas.

¿Qué se debería hacer con la Oración Universal? Puede ser un elemento menor de la Santa Misa, comparativamente hablando, pero podría ser un área de reflexión y de reforma.

 

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