domingo, 3 de mayo de 2015

Imbuir la Forma Ordinaria con la Espiritualidad de la Forma Extraordinaria

A continuación, presento una traducción realizada por quien escribe estas líneas, de este muy interesante tema abordado por el Profesor Peter Kwasniewski, destacado colaborador del sitio New Liturgical Movement. Espero que sea de provecho para los sacerdotes y, en general, para todos quienes asistimos a la Santa Misa, muy especialmente, de quienes no tenemos cerca una Misa Tridentina diaria, por lo que solo la forma ordinaria es la opción. Con esta entrada, además, marco mi regreso a este blog.

Imbuir la Forma Ordinaria con la Espiritualidad de la Forma Extraordinaria.

Por Peter Kwasniewski.

Es ampliamente conocido que la Misa en el Rito Romano moderna sufre en varios aspectos de una brusca discontinuidad con la tradición litúrgica precedente, y que sus muchas simplificaciones, innovaciones y opciones han privado, de forma alarmante, de la atmósfera intensamente devota que es característica del Rito Romano tradicional.

Reconociendo este hecho más claramente que la mayoría, el Papa Benedicto XVI expresó su deseo de un “enriquecimiento mutuo”, de forma tal que la gente fuera capaz de encontrar en la Misa nueva la “sacralidad” que ellos aman de la Misa antigua. [1] No obstante, como sabemos, tal redescubrimiento y recuperación de la sacralidad en el Novus Ordo no ocurrirá automáticamente; Ello requerirá tomar pasos concretos, dentro de los límites de la normativa litúrgica existente. Nos alegramos ciertamente por los beneficios eclesiales de una mutua coexistencia de las formas, pero la “búsqueda de la reconciliación” necesita encontrar también una expresión interna pues, de lo contrario, la brecha entre la celebración de las dos formas (asumiendo la celebración parroquial típica de la Forma Ordinaria comparada con la celebración tan correctamente ceñida a las rúbricas de la Forma Extraordinaria) se mantendrá muy vasta. [2]

Por consiguiente, hay ciertos pasos voluntarios que el celebrante puede realizar para maximizar la continuidad entre la forma clásica del Rito Romano de la Misa y su derivación moderna, de modo que esta última pueda entregar mayores frutos espirituales para el sacerdote y para el pueblo por igual. El proceso de enriquecimiento puede ser guiado por los siguientes tres principios.



1. El Principio de Continuidad.

El “Principio de continuidad” es el siguiente: cada vez que sea dada una opción en las rúbricas, uno siempre debe tomar la que mayormente esté en continuidad con la tradición precedente. [3] En la misma línea, ya que “la grandeza de la liturgia depende … de su no espontaneidad” (Raztinger), uno podría, como una cuestión de principios, evitar la “variedad” entre la multitud de opciones.[4] Como dijo C. S. Lewis acertadamente, tal “variedad” estropea la fruición propia de la acción ritual.. Algunos ejemplos sobre cómo aplicar el principio de continuidad:

1. Leer o cantar las antífonas de Entrada y de Comunión (a menos que ya estén siendo leídas o cantadas por la Schola o por la gente actualmente).

2. Utilizar el saludo “El Señor esté con vosotros” y, en general, bajar la mirada cuando se saluda a la gente, en lugar de intentar hacer contacto visual, lo cual tiene un efecto de atraer la atención que puede llevar a la liturgia a degradarse hasta un nivel puramente horizontal (o, quizás, “centrado en el hombre”).

3. Usar el Rito Penitencia en la forma primera (o “A”), es decir, con el Confiteor y el Kyrie.

4. Omitir la “Oración Universal o de los Fieles” durante la semana y, cuando las peticiones vayan a realizarse, tomarlas o crearlas basados en los modelos más tradicionales.

5. Realizar el ofertorio en silencio en lugar de en voz alta.

6. Decir “Orad Hermanos” en vez de “Orad hermanos y hermanas” [5].

7. Usar el Canon Romano, mencionando a todos los santos y usando las terminaciones “Por Cristo nuestro Señor”.

8. Inclinarse notablemente sobre la hostia y el cáliz y recitar las palabras de la consagración lenta y cuidadosamente, dándoles su debido peso metafísico.

9. Mantener el pulgar y el dedo índice juntos desde la consagración hasta las abluciones.

10. Omitir el saludo de la paz, el cual, como señalan claramente las rúbricas, es opcional.

11. Realizar las abluciones con vino, agua y vino, manteniendo los dedos sobre el cáliz.

12. Usar la fórmula de despedida: “Pueden irse, la Misa ha terminado” (o incluso mejor, “Ite, Missa Est”).

13. Como está indicado en las rúbricas, aunque es raramente seguido, inclinar la cabeza cuando se haga mención de las tres Personas Divinas, al nombre de Jesús, al nombre de la Santísima Virgen María, y el del Santo in cuyo honor fue celebrada la Misa.


Incluídas también en esta categoría, están todas las prácticas que son explícitamente permitidas pero muy raramente vistas: La celebración del Santo Sacrificio Ad Orientem (lo cual está presunto en las mismas rúbricas del Misal de la forma Ordinaria); el canto de los textos litúrgicos que tradicionalmente son cantados por el sacerdote; la acogida del silencio, especialmente después de la Sagrada comunión; el abundante uso de incienso; el uso de bellos ornamentos y vasos sagrados; la distribución de la Sagrada Comunión a los fieles de rodillas. La mayoría de los ejemplos entregados anteriormente dependen exclusivamente del celebrante y pueden ser implementados inmediatamente.




2. El Principio de Aumento.

En segundo lugar, está lo que podemos llamar el “principio de aumento”, que implica encontrar formas apropiadas en las cuales los elementos del rito antiguo puedan encontrar lugar en el nuevo rito (como es obvio, discretamente), para acrecentar la piedad y la devoción del propio celebrante – las cuales, como nos recuerda Santo Tomás, afectan la eficacia para la obtención de las gracias por las cuales se ofreció esa Misa en particular. A continuación se muestran algunos ejemplos sobre cómo aplicar este principio:


1. Utilizar el manípulo y el birrete, y vestir la capa pluvial para las procesiones o para el Asperges/Vidi Aquam.

2. Mientras se va camino al alter – o en la sacristía antes de la Misa, si la distancia hasta el altar es muy corta, recitar el Salmo 42 en silencio o sotto voce.

3. Mientras se suben las gradas del altar y como preparación para besarlo, rezar en silencio las oraciones “Aufer a nobis” y “Oramus te, Domine”.

4. Si el tamaño de la Iglesia o la duración del Alleluia lo permite, agregar la versión completa del “Munda cor meum” del usus antiquior después de decir la tan corta oración “Purifica mis corazón y mis labios…”.

5. Durante la recitación de las oraciones del Ofertorio, agregar algunas o todas las antiguas oraciones del Ofertorio como devoción privada – Esta práctica no debería ser diferente, en principio, de la silenciosa exclamación “Señor mío y Dios mío” durante la elevación de la Sagrada Hostia. [6]

6. Recitar el Canon Romano en un tono de voz más suave, para invitar a los fieles a un momento de oración intensamente meditativo; como se dijo anteriormente, se deben decir las palabras de la consagración con especial gravedad. [7] Existe un hecho curioso que a menudo he notado: ¡Cuan profundo es el silencio de la asamblea y la concentración que existe cuando el sacerdote habla suavemente!

7. Antes de la comunión, diga ambas plegarias de preparación – la primera como está estipulado, y la otra como devoción privada.

8. Cuando se purifican los vasos sagrados, junto con la plegaria obligatoria “Quod ore sumpsimus Domine”, agregar la oración “Corpus tuum” del misal antiguo como devoción privada.

9. Después de la bendición final, recitar el “Placeat tibi” mientras avanza hacia el altar, lo besa y se aleja de él.

10. Recitar el Prólogo del Evangelio de San Juan mientras se retira hacia la Sacristía o directamente cuando llegue en la Sacristía, antes de bendecir a los servidores.

11. De forma alternativa, decir el “Placeat tibi” y el Prólogo del Evangelio de San Juan en voz alta después de la Misa, como una devoción comunitaria. Después de todo, hoy en día cualquiera se siente libre de agregar oraciones que le gustan en la mitad o al final de la Misa, y existe plena razón para agregar éstas, las cuales tienen siglos de uso.


De ésta forma, un sacerdote que no tiene la posibilidad de celebrar el Usus Antiquior, en una situación dada, puede entrar aún en contacto con elementos de su profunda piedad Sacerdotal y Eucarística. Él puede respirar aquella atmósfera de devoción, y así comenzar, al menos dentro de su propia alma, a superar esta experiencia de ruptura entre ambas formas.

En cuanto a esta segunda categoría de principio y práctica, uno podría objetar que las sugerencias precedentes marchan en contra de las rúbricas o de la Instrucción General del Misal Romano. Sin embargo, simplemente este no es el caso, debido a que las practicas enumeradas anteriormente son material de devoción personal interna, o bien, adiciones externas permitidas por las rúbricas mismas. Es verdad que hay pasajes en la revista Notitiae, especialmente en la década de 1970, que van en contra de estas sugerencias, pero Notitiae parece ocupar un rol consultivo o a modo de comentarios, y es difícil ver cómo su contenido goza de autoridad magisterial. Solo para reiterar un ejemplo, no existe prohibición de utilizar el manípulo o el birrete, a pesar de ser una rareza hoy en el mundo de la Forma Ordinaria. [8]

Regresando a Austria, conocí a un sacerdote (casualmente, uno de los mejores predicadores que he escuchado) quien celebraba ambas formas del Rito Romano y, cuando usaba el Misal de Pablo VI, hacía casi todas las cosas mencionadas en este artículo. Él las hacía discretamente y en forma eficiente, de manera de que no había confusión o demora. Él me contó que encontró mucho más fácil ofrecer el Novus Ordo reverentemente cuando fue enriquecido con los elementos del Rito Romano Tradicional. En su opinión, fueron de especial valor las oraciones tradicionales del Ofertorio. [9]



3. El Principio Mnemotécnico.

Para finalizar, está el que puede ser llamado el “principio mnemotécnico”. Éste consiste en recordar a las personas, gentil y oportunamente, los elementos conectados con el usus antiquior que tristemente no se pueden encontrar en el campo de la Forma Ordinaria, pero que ciertamente no son incompatibles con ella.

El ejemplo más destacado podría ser los santos que fueron excluidos del Nuevo calendario. En consecuencia, el 14 de Febrero, el sacerdote podría predicar brevemente sobre San Valentín así como de los Santos Cirilo y Metodio, o el 10 de Marzo, sobre los Cuarenta Santos Mártires; el 17 de Septiembre, el sacerdote podría hacer mención que en dicha fecha corresponde a la tradicional fiesta de la impresión de los estigmas en San Francisco, y comenzar a relacionar este acontecimiento con las lecturas (o comenzar con las lecturas y traer como ejemplo a San Francisco). El sacerdote podría predicar sobre la Epifanía y la Ascensión en los días correctos así como en los días transferidos. Él podría citar una oración colecta, secreta o postcomunión tradicional, como parte de su reflexión en torno a la fiesta o al tiempo litúrgico. Él podría introducir una bendición especial en los días de fiesta, utilizando las oraciones del Rituale Romanum. Por medio de tales alusiones y devociones, los feligreses son gentilmente puestos en contacto nuevamente con su propia tradición, que lentamente comienza a formar parte de su esquema mental Católico, como debería ser. Las frecuentes referencias hacia el Usus Antiquior sirven a modo de catequesis preparatoria para la restauración de la tradición.

Puesto que el usus antiquior preserva con especial intensidad una teología y una piedad de muchos siglos de Fe, una juiciosa emulación o adopción de aquellos elementos de santidad y de “Buena forma” harán una diferencia real en la devoción del celebrante y en la consecuente fecundidad de la Santa Misa. [10]


NOTAS

[1] Ver la “Carta a los Obispos con Ocasión de la Publicación de la Carta Apostólica Summorum Pontificum”, en el párrafo que comienza con “Es verdad que ha habido exageraciones.”

[2] Existen muy pocos lugares (por ejemplo, el Oratorio de Brompton) donde esta experiencia de brecha entre ambas formas no es tan grande, y más de una persona ha salido de la Misa Dominical Mayor en la Forma Ordinaria del Oratorio del Brompton confundido sobre cual “forma” ellos estaban usando. Existen también lugares donde, tristemente, la Forma Extraordinaria es celebrada en una manera floja, incompetente, o en forma simplemente extraña, cuando los obispos celebran una Missa Cantata sin presbítero asistente, diácono y subdiácono, lo cual en la práctica es, de hecho, ilícito.

[3] Esto también puede ser llamado “El principio de Fr. Fressio”, ya que él lo ha propuesto incansablemente. Lea su artículo, en dos partes, aquí y aquí, y revisar el popular libro de Ignatius Press "The Mass of Vatican II".

[4] Ver mi artículo "Indeterminacy and Optionitis."

[5] Notar que “Orad, hermanos y hermanas” no es ni siquiera una opción en el Misal, a pesar de que ha sido adoptado casi universalmente.

[6] Dado que los reformadores de la Liturgia expresaron explícitamente su intención de abolir el ofertorio, estrictamente hablando, y reemplazarlo por una “trabajada” preparación de los dones que no tiene nada en común con el ofertorio como es entendido tradicionalmente, parecería especialmente importante de imbuir la escasa Preparación con la profunda intencionalidad sacrificial del Ofertorio clásico.

[7] Estoy recordando aquí una divertida historia que oí sobre una cierta Misa en Forma Ordinaria en la cual el sacerdote celebró Ad Orientem y rezó el Canon Romano sotto voce. Un joven muy serio se aproximó a él después y le dijo: “Realmente me encantó como usted celebra la Santa Misa; Pero sabe, no pude oírle durante la Plegaria Eucarística”. A lo cual, el sacerdote respondió sin perder el golpe: “Pero yo no estaba hablando contigo”.

[8] Sobre el tema del manípulo en particular, ver esto y esto

[9] Ver la carta del Obispo Athanasius Schneider, "The Five Wounds of the Liturgical Mystical Body of Christ".

[10] Ver mi artículo "Two Different Treasure Chests", en como la forma de la Misa, lejos de ser tema indiferente o de mera preferencia, es un elemento crucial de nuestra maduración espiritual y en el desarrollo de la gracia.


Traducido del original inglés, "Imbuing the Ordinary Form with Extraordinary Form Spirituality",  por Cæremoniarius.





4 acotaciones de los Estimados lectores:

Anónimo dijo...

"Imbuir la Forma Ordinaria con la Espiritualidad de la Forma Extraordinaria"

ESO ES SÍNTESIS HEGELIANA DE LA PEOR. BIEN ratzigeriano, y ustedes se lo tragaron sin filtros.
TESIS=VETUS ORDOE
HIPÓTESIS=NOVUS (DES)ORDOE
SÍNTESIS= UN HÍBRIDO ENTRE LAS DOS

PORQUE NO SE DEJAN DE JODER DE UNA BUENA VEZ IMBÉCILES DE MIERDA.

Anónimo dijo...

Que facil seria si se hubiera cumplido en el Nuevo Misal lo que ordeno el Concilio: Que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia. De lo contrario se cae en la arbitrariedad. Cada uno harà lo que quiera, quebrantando aun mas las Leyes de la Sagrada Disciplina.

Anónimo dijo...

el anonimo de 27 de diciembre... muy "cristiano"se le ve,.... asi que cualquier cosa que diga, a favor o en contra, tiene valor 0

Cristine Yudith Arevalo dijo...

gracias por compartir estos escritos con la comunidad cristiana, tanto yo como mis colegas de la gran hermandad blanca estamos al corriente de tu blog ahora en mas porque NOS HA ENCANTADO ♥ PAZ A TODOS!!