domingo, 30 de agosto de 2009

Desacralización Litúrgica [I]: Algunos ejemplos clave

Publicado por Cæremoniarius @ 12:51:00
Iniciando una nueva secuencia de publicaciones, relacionada en esta ocasión con la desacralización litúrgica y las formas de recuperar lo sagrado, traemos a colación un interesante artículo del destacado blogger Bruno Moreno Ramos, que en su blog "Espada de Doble Filo", asociado al portal católico Infocatolica.com, expone titulando "Liturgia de gente bien educada" un análisis sobre algunos aspectos que dejan en evidencia la progresiva desacralización litúrgica. Transcribimos íntegramente el artículo.

***
Curiosamente, la frase de Benedicto XVI que me pareció más importante del famoso Motu Proprio Sumorum Pontificum no formaba parte del mismo. Estaba incluida en la Carta que el Papa dirigió a los obispos como acompañamiento del Motu Proprio: "las dos formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente".

Pocas palabras, pero importantísimas. Así es como ha funcionado siempre la liturgia en la Iglesia, con un desarrollo homogéneo mediante un enriquecimiento progresivo. Los defensores de la forma extraordinaria del rito romano señalan, con toda la razón del mundo, que algo tan importante como una reforma litúrgica no puede ser obra de una comisión. Es necesario que la forma ordinaria del rito se enriquezca en contacto con la Tradición viva de la Iglesia. Así pasará de ser el resultado de los esfuerzos de una comisión a constituir una expresión de la fe y la oración de la Iglesia. No olvidemos que, para la forma que tiene la Iglesia de medir el tiempo, el novus ordo está aún en pañales, en tiempo de rodaje. Y también la forma extraordinaria podrá enriquecerse, que no hay nada perfecto en este mundo.

Podrían buscarse muchos ejemplos, pero voy a dar uno que me parece bastante claro. Un grave problema surgido desde la reforma litúrgica de Pablo VI es la transformación frecuente de la Misa en un diálogo entre el sacerdote y los fieles. Todos hemos estado alguna vez en Eucaristías en las que el sacerdote parece ser un showman, que entretiene a los asistentes, inventando cosas nuevas para que no se aburran. Todos hemos oído o soportado sermones larguísimos a costa de una liturgia celebrada con prisas y sin reverencia. Muchos cristianos valoran únicamente y de forma equivocada la Eucaristía por “lo que ha dicho el cura” o “lo que he aprendido", sin reconocer, por ejemplo, el valor objetivo e infinito de presentar a Dios Padre al mismo Cristo hecho ofrenda.

La posición del sacerdote, de cara al pueblo, ha favorecido que el elemento de encuentro de la comunidad cristiana, que siempre ha estado presente en la Misa, se haya desorbitado. Esta exageración ha eclipsado a la dimensión fundamental de la Eucaristía, que es el culto a Dios, el encuentro con el verdadero centro de la vida de todo cristiano. No se trata, por supuesto, de dos aspectos contradictorios, sino que como el madero vertical y el horizontal de la Cruz, deben estar siempre unidos. Y no de cualquier forma, sino cada uno en su lugar. Del mismo modo que, en una cruz, el madero horizontal se apoya en el vertical, que es mayor, la dimensión vertical de la Misa es el sustento y la base de la comunión entre los fieles. Porque nos encontramos con Dios y le damos culto, puede darse entre nosotros la verdadera caridad cristiana, que está más allá de las fuerzas del hombre.

La mejor demostración que conozco de este problema es curiosa y bastante evidente una vez que uno ha caído en la cuenta, así que invito a los lectores a fijarse, el domingo que viene, en lo que les voy a contar. La inmensa mayoría de las oraciones de la Misa están dirigidas a Dios Padre o a la Trinidad en conjunto. Por ejemplo, la oración colecta, la oración antes de las ofrendas, la oración de los fieles o la plegaria eucarística se dirigen habitualmente al Padre o a la Trinidad. La Plegaria Eucarística, por supuesto, también está centrada en Dios Padre. La oración que introduce el rito de la paz, sin embargo, es una de las pocas que están dirigidas a Jesucristo en particular. Para los olvidadizos, recordaré que la oración a la que me refiero es: “Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: ‘La paz os dejo, mi paz os doy’, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Y el pueblo responde:) Amén.”

Pues bien, ese momento es posterior a la consagración. Por lo tanto, el sacerdote tiene al propio Jesucristo, sacramentalmente presente, delante de él, sobre el altar. Está allí mismo, a un palmo de su rostro, en su Cuerpo y su Sangre… y, sin embargo, podrían contarse con los dedos de una mano los sacerdotes que he visto en toda mi vida que miren a Cristo presente en el altar al recitar esa oración. Casi todos miran a los fieles al hacerlo. ¿Por qué? Me atrevo a decir que la razón está en que muchos sacerdotes tienden a contarle la oración a la gente en lugar de orar con ella. Y, si el propio sacerdote no está orando cuando celebra, aún más difícil será que lo hagan los fieles.

Aunque con esta oración en particular se hace más evidente, el problema es común a toda la celebración de la Misa. Multitud de sacerdotes muestran, por su mirada y sus gestos, que se están dirigiendo al pueblo al recitar la Plegaria Eucarística, en lugar de a Dios. Lo mismo sucede con las demás oraciones, como la oración colecta, la de los fieles, el Gloria y prácticamente todas las oraciones de la Misa.

No sé si este problema es producto de la forma ordinaria del rito romano o si, al contrario, ésta última es expresión de ese problema. Y lo cierto es que me da igual. Lo importante es que la utilización de la forma extraordinaria nos ayude a recuperar el equilibrio donde, evidentemente, lo hemos perdido. Como dice el Papa, podremos redescubrir “aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo”.

¿Es necesario volverse hacia oriente o hacia el Sagrario para dirigirse a Dios? Por supuesto que no. Dios está en todas partes. Sin embargo, el signo inequívoco del usus antiquior, en el que fieles y sacerdote miran en la misma dirección, porque todos están dirigiéndose a Dios, puede ayudarnos a todos a recordar a quién nos estamos dirigiendo con el sacrificio eucarístico. Así, usemos la forma que usemos del rito, no olvidaremos donde está el centro de la liturgia, nuestra cruz no se caerá por falta de madero vertical y no perderemos el tiempo en un diálogo siempre igual con el sacerdote de turno, sino que nos estaremos acercando al misterio inefable del Dios vivo y verdadero.

Desde pequeños, nos enseñan a todos que es de mala educación no mirar a una persona que nos está hablando. Igualmente, creo yo, debemos ser litúrgicamente educados con Dios y volvernos hacia él, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, al celebrar la Eucaristía. Si así lo hacemos, sea cual sea la posición física del sacerdote, de cara al pueblo o hacia oriente, podremos decir sinceramente: Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

***

lunes, 24 de agosto de 2009

La Liturgia propone, cuando no existe la obligación de oficiar la Santa Misa bajo un determinado "formulario litúrgico", para el caso de Solemnidades, Fiestas o Memorias Obligatorias, la llamada Misa "Ad Libitum", es decir, a criterio del Sacerdote, para lo cual propone diversos formularios, algunos festivos, así como también algunos de intercesión para diversas ocasiones.
Claramente es un recurso importante para cuando se desea oficiar la Santa Misa por alguna necesidad o intención urgente y muy particular, como por ejemplo, para pedir la misericordia y la protección de Dios ante alguna catástrofe, para pedir la conversión de los no creyentes, o bien, para el sufragio por los difuntos.

Otro ejemplo es el Saludo de la Paz, entendido como el gesto de paz (que en nuestros días varía de un simple apretón de manos a sonoros besos y abrazos, junto con algunos saludos y las preguntas de rigor [Tu familia, tus niños, etc.]), el cual no es obligatorio, e incluso, es deseable que se omita en la Santa Misa con asistencia numerosa de fieles, para no provocar un quiebre en la debida preparación a la Sagrada Comunión.

Sin Embargo, el problema del recurso "Ad Libitum" tiene lugar cuando se utiliza injustificadamente y como excusa, ya sea rompiendo el esquema obligatorio del Año Litúrgico, o bien, haciendo modificaciones en diversos momentos de la Santa Misa, momentos los cuales están debidamente reglamentados en la Instrucción General del Misal Romano (en sus sucesivas ediciones desde 1970 hasta la actualidad). Bajo el argumento "Ad Libitum" se introducen en la Liturgia abusos y prácticas externas, aún cuando éstas están denunciadas y prohibidas explícitamente por Instrucciones de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos.

Es grande el problema derivado de los abusos litúrgicos, ya que atacan directamente a una dimensión fundamental de la acción litúrgica, que es su solemnidad, sobriedad y sacralidad, así como también, a su carácter universal, en comunión con la Iglesia entera.

Para ejemplificar un buen y un mal uso del recurso "Ad Libitum", proponemos los siguientes dos casos:
Caso 1: Un Sacerdote, ante una catástrofe natural, decide oficiar la Santa Misa, pidiendo la protección de Dios para con su pueblo.
Caso 2: Un Sacerdote, ante la baja asistencia de los fieles a la parroquia, obliga a un "Ayuno Eucarístico", es decir, no oficiar Misas por un período de tiempo (15 días - 1 mes, por ejemplo).

En el primer caso, vemos que existe una adecuada, legítima y válida aplicación del recurso "Ad Libitum", procurando siempre la salvación de las almas, siempre y cuando no exista una Solemnidad Mayor o fiesta obligatoria, para lo cual pueden utilizarse formas alternativas (Como por ejemplo, la "Doble Oración Colecta").
En el segundo caso, vemos claramente que existe una utilización totalmente inadecuada del recurso "Ad Libitum", perjudicando a los fieles, y con ello, a toda la Santa Iglesia. De hecho, va en contra de la Instrucción Redemptionis Sacramentum, que lo prohíbe explícitamente:
R.S. [115.] Se reprueba el abuso de que sea suspendida de forma arbitraria la celebración de la santa Misa en favor del pueblo, bajo el pretexto de promover el «ayuno de la Eucaristía», contra las normas del Misal Romano y la sana tradición del Rito romano.
Como podemos observar, una utilización a menudo desmesurada y sin sentido, causa un grave daño a la feligresía, a la Iglesia entera, y generalmente al mismo Oficiante.
La gravedad de este daño dependerá del nivel de imperfección de lo realizado, o de lo que se dejó de realizar. Por ejemplo: 
- Un cambio leve en la fórmula de la absolución del rito penitencial en la Santa Misa: "Dios Todopoderoso, Ten misericordia de nosotros, perdona nuestros pecados y llévanos a la Vida Eterna".
- Un cambio en las palabras de la consagración: "Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Todas las veces que ustedes hagan esto, háganlo en recuerdo mío"


Como vemos, la gravedad del segundo acto (que puede llegar a ser comparado con un Graviora Delicta, por su afán de atentar contra el Santo Sacrificio) es muchísimo mayor que el primero.


Esto nos da varios puntos donde se necesita una adecuada reforma. En primer lugar, que en los Seminarios se enseñe la Liturgia de manera ordenada y completa, en sus dos formas (rito latino-romano), adicionando las diversas prácticas de piedad, que son un verdadero tesoro litúrgico para la Iglesia. Así mismo, es importante una adecuada formación de los fieles en materia litúrgica, para que puedan vivir más perfectamente el Santo Sacrificio de la Misa. Todas estas acciones tienen el común objetivo de erradicar y remediar los abusos litúrgicos que han sido introducidos numerosamente en los años del post-concilio, a causa de una superficialización de la Fe.

Ahora bien, lo anteriormente presentado no tendrá un impacto real y permanente en la Iglesia si no existe una profundidad en la espiritualidad litúrgica de los creyentes, y más específicamente, en el verdadero Espíritu de la Liturgia (No el falso espiritu litúrgico que hoy en día busca la desacralización y la adaptación de la liturgia católica a los rituales neopaganos y las prácticas extraeclesiales).

La Lex Orandi ("lo que oramos") es una manera descriptiva muy clara de la Lex Credendi ("lo que creemos"). Y Bajo este prisma, podemos distinguir, a la vista de los numerosos abusos, que la liturgia de hoy en día es muy superficial (hablando en la generalidad), muy centrada en los hombres y no en Dios, y muy lejana de estar a la altura de tan gran misterio que se hace presente en ella. Ésta es, lamentablemente, una visión que está presente en no pocas parroquias alrededor del orbe entero.

Si bien, y como una especia de efecto "Rebote", se ha producido una reconducción de los fieles y las nuevas generaciones de Sacerdotes, hacia la Resacralización Litúrgica y la apreciación de la verdadera y milenaria Tradición de la Iglesia, estos esfuerzos, que son muy destacables, son escasos e insuficientes para dar la batalla contra la tendencia desacralizante que ha tomado protagonismo, no solo en el mundo, sino que también en la Iglesia, y de manos de sus fieles y del mismo clero, que en muchas ocasiones, actúan por Ignorancia.

La clave es, como versa el lema del Papa San Pío X, "Instaurare Omnia in Christo", es decir, Instaurar todas las cosas en Cristo, de manera de que toda la vida del Cristiano gire en torno a  Dios. Cuando podamos lograr esto, aunque sea de manera muy rudimentaria, estaremos sentando las bases para el renacer espiritual de la Iglesia, y con ello, con una profundización en los misterios de la Fe, lo que asegurará para la Iglesia una verdadera "Primavera Eclesial", donde florecerán nuevos Santos para Dios. S.S. Benedicto XVI está poniendo en marcha este proceso, tan necesario para la Iglesia. Esperemos estar siempre dispuestos y la altura de las circunstancias, para servir a Dios en todo lugar. Ut in Omnibus Glorificetur Dei.

Instaurare Sacra!

sábado, 1 de agosto de 2009

Preces Leoninas.

Publicado por Cæremoniarius @ 16:31:00

Ponemos a disposición de nuestros lectores las tan necesarias "Preces Leoninas", dispuestas por S.S. Leon XII para ser rezadas como oración de acción de gracias al finalizar la Santa Misa. (Les cuento que fue dificil encontrarlas, pero, después de mucho buscar, he dado con ellas, las cuales he dispuesto en un formato adecuado). Tiene un formato de tipo folleto, que se puede fácilmente imprimir en una hoja tamaño carta (letter). Está en Formato PDF, en el sitio de SCRIBD, o bien, si necesitan el formato DOC de word, para imprimir directamente en forma de folleto-díptico, pueden solicitarlo a nuestro correo sacramliturgiam@gmail.com.

Pueden acceder al archivo alojado en SCRIBD desde aquí:

Mi lista de blogs

Seguidores