lunes, 26 de octubre de 2009

FSSPX y la Santa Iglesia: Unidad


Tuve la gracia de participar, este domingo recién pasado, en la Santa Misa con motivo de la Solemnidad de Cristo Rey, en el Priorato del mismo nombre de la FSSPX en Chile. He quedado manifiestamente sorprendido por muchas cosas, algunos a simple vista detalles, y otros no tanto, que me han hecho reflexionar.


Primero: Dado que el priorato aún está en construcción, el lugar provisorio es muy sencillo. Una carpa, cerrada con containers (donde se encuentra la Sacristía), son la estructura de este improvisado templo. Sin embargo, esto no restó solemnidad e importancia al Santo Sacrificio celebrado en un altar muy digno, y preparado para la ocasión (aprovecho de comentar que las fotos no corresponden a la fecha).


Segundo: La Misa en sí, ha sido maravillosa: El propio de la Misa cantado por una Schola Cantorum pequeña pero muy digna, Ordinario de la Misa de Angelis (VIII), mujeres (en especial, muchas niñitas) con velo, hombres vestidos "ad hoc", con mucha sobriedad. Junto con ello, una dedicación muy grande por la solemnidad de Cristo Rey. Así mismo, con motivo de esta solemnidad, se procedió, terminada la Misa, a realizar una procesión con el Santisimo Sacramento en la Custodia en los alrededores del terreno del priorato. Simplemente, algo maravilloso.


Tercero: El sermón de quien oficiaba, fue muy católico. Más de lo que esperaba en realidad. Ninguna crítica a la Santa Iglesia, ni al Papa. Más bien, una perfecta sintonía con el pensamiento de S.S. Benedicto XVI: La necesidad de formar una familia santa, para que los hijos puedan crecer en un ambiente católico; La reafirmación de la finalidad de la Familia: La entrega de nuevos hijos, que se convertirán en Hijos de Dios, y en Ciudadanos del Cielo; La necesidad del reinado de Cristo en todos los ámbitos del mundo, en especial, en la Iglesia; La lamentable lucha del mundo en contra de los valores del Reino, a causa del pecado y la acción del demonio; La necesidad de reparar todos los sacrilegios que se cometen contra Dios.


Cuarto: La tan necesaria Consagración del Género Humano a Cristo Rey, prescrita por S.S. Pio XI, ante la presencia de Jesucristo Sacramentado.


Quinto: Cuando nos acercamos (con unos amigos) a solicitarle al sacerdote la bendición de una cruz con la medalla de San Benito, el Sacerdote no solo se dispuso enseguida a bendecirla, sino que reconoció la necesidad de que estas cruces sean bendecidas de manera "especial", es decir, mediante un exorcismo y bendición especial, tal como lo prescribe la Iglesia, y en especial, la tradición en torno a esta medalla benedictina.


En fin... Podríamos decir, muchas más cosas en torno a esta experiencia que he vivido. Y de ahí nace una reflexión:


Sobre ellos, muchas personas que dicen ser parte de la Iglesia, han "despotricado" públicamente sobre lo cismáticos que son, sobre las cosas que intentan imponer, sobre el deseo de destruir el concilio Vaticano II y el "espíritu" que le asocian, etc.
Y, ante esta experiencia, solo puedo decir que ellos son Mucho más católicos, en gran comunión con el Papa, con mayor sentido de eclesialidad y catolicidad, respetuosos de la Iglesia como "Mater et Magistra", que muchos obispos y personajes que se dicen ser Católicos, pero que critican al Santo Padre por sus actos de generosidad y justicia para con ellos, o que Critican su impulso por el respeto a las normas, o por quienes justifican toda acción en contra las normas de la Iglesia, con un "Estupidismo Crónico", invocando el tan desgraciado "espiritu del concilio", que tantos problemas ha traído a la Santa Iglesia.


Y para quienes dicen: "pero que faltas a la caridad", les traigo a colación un breve texto, cortesía del blog "Cigueña de la Torre", de don Fco. José, del Cardenal Danielou, que si bien, no es "santo de mi devoción", dice algo muy cierto :
"Hay ciertas reacciones de detestación que suponen otras tantas respuestas saludables... He solido hablar con frecuencia sobre la cólera, citando las palabras de Péguy acerca de Juan de Arco que aseguran que también ella tenía "grandes accesos de ira inocente ante los que los ingleses sentían como que les faltaba el terreno". También Cristo experimentó cólera. Cuando trataba a los fariseos de "sepulcros blanqueados", algunos de nuestros contemporáneos dirían que incurría en una falta de caridad, que Cristo no debería haber hablado de "sepulcros blanqueados". ¡Y cuando afirma, a propósito de los que escandalizan a los niños, que les valdría más que les colocaran una piedra de molino al cuello y los arrojaran a lo profundo del mar...! Cristo sabía ser violento. La cólera, en el sentido más profundamente válido del término, es la reacción de una sensibilidad sana ante determinadas cosas feas, viles y despreciables. En este sentido pienso que hay que ser capaz de encolerizarse, como Bernanos y Péguy. Si bien es cierto que la cólera es una criatura difícil de manejar y también que se puede entremezclar en ella una animadversión personal si uno ha sido ofendido, y que, en consencuencia, hay que desconfiar de ella, es asimismo cierto que puede haber una cólera perfectamente compatible con la caridad... No tengamos miedo a emplear cierto vigor en la expresión. Es la traducción de la firmeza de pensamiento".

PD: Las imágenes fueron obtenidas del sitio web de la FSSPX, distrito de Sudamérica. En ellas se puede visualizar la "precariedad" de las contrucciones del priorato, que sin embargo, no afectan en la grandeza de una Liturgia bien oficiada y aprovechada por parte de los fieles.


UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEI

viernes, 23 de octubre de 2009

La Figura del Sacerdote: El Sacerdote y el Arte Sagrado

Reproducimos el artículo "El sacerdote y el arte sagrado" de Mons. Timothy Verdon, Canónigo de la “Iglesia Metropolitana Florentina” (Florencia, Italia) y Director del Oficio para la Catequesis a través del Arte de la Archidiócesis de Florencia (ha sido Consultor de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales), cortesía de Clerus.org.


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El arte sagrado sirve al sacerdote ya sea en su vida de hombre y de cristiano, como en su ministerio presbiteral. Ambos contexto de empleo, en efecto, fueron señalados por el Santo Padre Benedicto XVI, en la Exhortación Apostólico Post-sinodal Sacramentum Caritatis del 2007, indicando la belleza artística como uno de los “modos en que nos llega (…) la verdad del amor de Dios en Cristo” (n. 35) y subrayando “la relación profunda entre la belleza y la liturgia”. En vista de tal unión, dice el Papa, “es indispensable que en la formación de los seminaristas y de los sacerdotes se incluya la historia del arte como materia importante, con especial referencia a los edificios de culto, según las normas litúrgicas” ( n. 41).


Estas palabras forman parte de la milenaria tradición católica, que siempre ha promovido, desplegado y cuando era necesario defendido la función del arte en el crecimiento espiritual de los creyentes y en la misión pastoral de la Iglesia. Ya al final de la era patrística, san Gregorio Magno resumía la experiencia de los primeros siglos cristianos en términos que la tradición ha sintetizado con la frase 'Biblia pauperum', 'Biblia de los pobres'; escribiéndole a un obispo iconoclasta, subrayó la finalidad específicamente espiritual de las imágenes sagradas. “Una cosa es adorar una pintura, otra cosa es aprender de una escena representada en una pintura que adorar” dijo, añadiendo que “la fraternidad de los presbíteros es tenida para amonestar a los fieles para que ellos prueben ardiente compunción delante del drama de la escena representada y así se postren humildemente en adoración delante de la única omnipotente Santa Trinidad”, (Epístola Sereno Episcopo massiliensi, 2, 10). 


Con el mismo espíritu, en nuestro tiempo el Papa Pablo VI ha sugerido la estrecha afinidad entre el trabajo del sacerdote y el del artista: “Nosotros honramos grandemente al artista",
dijo en una audiencia del 6 de mayo, 1964, "porque él cumple un ministerio para-sacerdotal junto al nuestro.
Nuestro ministerio es aquel de los misterios de Dios, el suyo es aquel de la colaboración humana que devuelve estos misterios presentes y accesibles”. Y en el documento más importante en absoluto en este campo, la Carta a los artistas de Juan Pablo II del 1999, el mismo tema es confirmado con la afirmación que “para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte. En efecto, debe hacer perceptible, más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible, de Dios” (n. 12).
Estos textos del Magisterio son entonces la base de la evaluación del Cardenal Prefecto de la Congregación para la Fe, Joseph Ratzinger en la introducción al Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica para el cual él mismo eligió un bagaje de imágenes de varias épocas y culturas. El futuro papa notó que “los artistas de todos los tiempos han ofrecido, para contemplación y asombro de los fieles, los hechos más sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolos en el esplendor del color y la perfección de la
belleza” y concluye en clave pastoral, definiendo el rol del arte en el pasado “un indicio … de cómo hoy más que nunca, en la civilización de la imagen, la imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, dada la gran eficacia de su dinamismo de comunicación y de transmisión del mensaje evangélico”.


El sacerdote, cuya espiritualidad personal y profesional está vinculada con los signos sacramentales que él administra, capta fácilmente el nexo entre el arte visual y la fe cristiana. Sabe que en Jesucristo el Verbo de Dios se ha hecho visible haciéndose él mismo “imagen del Dios invisible” (Col 1, 15), y comprende por lo tanto que el rol de las imágenes humanas en la vida de los cristianos es de algún modo análogo a aquel del encarnado Verbo en la historia. “En un tiempo, no se podía hacer alguna imagen de un Dios incorpóreo y sin contorno físico”, recordó san Juan Damasceno, evocando la prohibición veterotestamentaria a cualquier representación de la Divinidad. “Pero ahora [continuaba] Dios fue visto en la carne y se ha mezclado en la vida de los hombres, así que es lícito hacer una imagen de lo que se ha visto de Dios” (Discurso sobre las imágenes 1, 16). Citando esta obra del siglo VIII, en 1987 Juan Pablo II, según la bella fórmula de San Juan Damasceno, escribió: “El arte de la Iglesia debe procurar hablar la ‘lengua’ de la Encarnación y, expresar, con los elementos de la materia, a Aquel que ‘se ha dignado habitar en la materia y llevar a cabo nuestra salvación a través de la materia’” (Duodecimum saeculum, n. 11).


Aunque si todavía usamos el término 'Biblia de los pobres', no es sólo una cuestión de imágenes didácticas que, en circunstancias particulares, reemplazan el texto escrito. Más bien, en la concepción católica, la imagen puede tocar la íntima realidad moral y espiritual de la persona. “Nuestra más auténtica tradición, que compartimos plenamente con nuestros hermanos ortodoxos”, decía Juan Pablo II, “ciertamente nos enseña que el lenguaje de la belleza, puesto al servicio de la fe, puede tocar el corazón de los hombres, y
hacerles conocer, interiormente, a Aquel que nosotros nos atrevamos a representar en imágenes, Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre” (Ibíd. n. 12). En un documento paralelo, siempre del 1987, el Patriarca Dimitrios I de Constantinopla afirmaba que, en la tradición ortodoxa, “la imagen (…) se convierte en la forma más potente que toman los dogmas y la predicación” (Encyclique sur el signification théologique de l’icone, 14.9.1987).


En ambas tradiciones en efecto – ya sea en la Iglesia de Oriente como en la de Occidente – el empleo de imágenes sagradas en el contexto de la liturgia sirvió durante los siglos a manifestar la particular relación que, gracias a la Encarnación de Cristo, existe entre “signo” y “realidad” dentro de la economía sacramental. Tal relación, en verdad, se refleja en todas las obras que el hombre asocia con el culto divino: desde los vasos sagrados y los tejidos a las más monumentales construcciones arquitectónicas, porque el empleo de las cosas en la liturgia de la Iglesia siempre revela y actualiza la vocación del mundo infrahumano, llamado junto al hombre y a través del hombre a dar gloria a Dios. Más aún que de las cosas, el arte habla en cambio de los hombres y de las mujeres que la crean, porque - como afirman los Obispos de Toscana en una Nota Pastoral del 1997, en el modo en el cual 'transfiguran' la materia, “los artistas revelan por analogía la estructura de la creatividad personal, el modo es decir con el cual cada hombre y mujer ‘proyecta’, ‘modela’ y ‘colora’ la propia vida para servir mejor a Dios y al próximo” (La vida se hizo visible. La comunicación de la fe a través del arte, n. 12). Juan Pablo II colocará esta observación en el horizonte ético de cada artista, afirmando que “quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística (…) advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad. (Carta a los artistas n. 3). Con tonos argénteos y tintes luminosos recrea la experiencia del artista, en el cual “la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas”.
Admite la frustración probada por los artistas frente a la “distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo” de cuyo resplandor la obra realmente pintada o impresa no es sino un vislumbre. Pero también comparte el éxtasis del creyente delante a una obra maestra de arte, explicando que él “sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios” ( n. 6).


Es por ello que ya Pablo VI, hablando a los poetas y a los hombres de letras, pintores, escultóricos, arquitectos, músicos, a la gente de teatro y de cine en la conclusión del Concilio Vaticano Segundo, había dicho: “La Iglesia está aliada desde hace tiempo con vosotros. Vosotros habéis construido y decorado sus templos, celebrado sus dogmas, enriquecido su liturgia. Vosotros habéis ayudado a traducir su divino mensaje en la lengua de las formas y las figuras, convirtiendo en visible el mundo invisible. Hoy, como ayer, la Iglesia os necesita y se vuelve hacia vosotros. Ella os dice, por medio de nuestra voz: No permitáis que se rompa una alianza fecunda entre todos. No rehuséis poner vuestro talento al servicio de la verdad divina. No cerréis vuestro espíritu al soplo del Espíritu Santo. Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza par ano caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración” (Mensaje del Concilio a toda la humanidad, 8 de diciembre de 1965). 


Por consiguiente el sacerdote tiene que buscar a los artistas, conocerlos y aprender de ellos. A su modo son siempre hombres y mujeres ‘de fe’- también cuando se proclaman no creyentes - porque hacen cosas. La fe, creativa, engendra obras, y “si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (Sant. 2, 17), como una idea genial que el artista no traduce en una pintura o en una estatua. La fe, es un terreno familiar a los artistas, quienes cada día tienen que afrontar la fatiga de traducir intuiciones e ideas, impresiones y observaciones, concretizándolas en ‘obras’. Saben bien que el único modo de perfeccionarse
es realizar, lanzarse, arriesgando el fracaso - el derroche de tiempo, de materiales, de energía: arriesgando hasta el ridículo. Mejor que otros, comprende como en Abraham “la fe cooperaba con las obras” y “por las obras alcanzó su perfección” (Sant. 2, 21-22).
Pero los artistas comprenden la dinámica de la fe a un nivel aún más esencial, identificándose con el ‘riesgo’ y ‘pathos’ del mismo Artífice Dios. Experimentan como íntima esperanza, necesidad y sufrimiento el deseo de exteriorizar una idea que escapa, un concepto “único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz” (Sab 7, 22) que a lo mejor pareciera resumir todo lo que el artista sabe que tiene dentro, y que él quiere, más aún, que debe compartir con los demás, para hacerles ver con sus ojos, contemplar y tocar con sus manos algo que, en él “existía desde el principio” (1 Jn, 1). No hay artista que no se identifique con el Creador, que arriesgó todo con tal de hacer su propia “vida…visible” a los hombres (1 Jn, 1-2).


De los artistas el sacerdote puede aprender que la fe en sí es arte. Ciertamente, en primer lugar es don, pero es un don que, como el talento humano, quien lo recibe tiene que desarrollarlo. No hablo aquí de ‘la fe’ comprendida como sistema, admirable compendio de creencias y tradiciones, sino del acto de fe, del salto de fe, del riesgo por el cual se pasa de una existencia ‘artesanal’ hecha de causas y efectos, a la vida experimentada como arte, vivida como una obra ‘inspirada’, abierta a la gratuidad, conformada por la gracia. Las causas y los efectos pueden, ay de mí, exigir venganzas y guerras, atrapando al hombre; la gracia, que es verdad gratuitamente donada, perdona y hace libres.
Estas cosas el sacerdote tiene que saber cuando reza, cuando celebra misa, cuando reconcilia a los pecadores con Dios. Y puede aprenderlas, si Dios quiere, también del arte y de los artistas.

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domingo, 4 de octubre de 2009

El nuevo Misal Romano.


Hace más de un año, en un artículo sobre el tema de la traducción correcta de la expresión "Pro Multis" de la consagración del vino en la Santa Misa, advertíamos sobre el inminente cumplimiento del plazo correspondiente para la correcta traducción e incorporación en la Santa Misa. La fecha estipulada por la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos fue el día 17 de octubre de 2008.
A casi más de un año de aquella fecha, y a pocos días de cumplirse un año de vencido este plazo oficial, podemos ver como comienza a cumplirse, al menos en parte, las disposiciones de la Santa Sede.
La nueva edición del Misal, para Chile y algunos otros países del cono sur latinoamericano (Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia), han ya entregado la nueva edición, la cual ya ha sido aprobada por la Santa Sede, y ha sido dispuesta para su uso.
En cuanto al plazo máximo para el uso del Misal Antiguo, al menos en Chile, no se ha establecido aún, pero se estima que será un plazo análogo al de Argentina, que corresponde hasta el Primer Domingo de Cuaresma del Año 2010, fecha en la cual una Misa oficiada con la antigua fórmula del Misal romano (la traducción "por todos", que es errónea), sería, más que un abuso, una ilicitud.


Entre las nuevas mejoras de este Misal, podemos mencionar:


1.- El aspecto propio del Misal que, si bien no es fundamental, ha presentado una mejora substancial en el diseño, constituido por dos partes esenciales:
a. La presentación del Misal mejoró en cuanto a sus tapas, que ahora son de un color rojo sangre, de un grosor considerable y muy dignas. Así mismo, el diseño impreso en las portadas ha variado desde una silueta dibujada muy poco agradable, hasta un sencillo anagrama de Cristo (el clásico Chi-Rho), junto con el nombre "Misal Romano".
b.- Los marcadores de páginas (lenguetas), y las cintas, han sido rediseñadas, adoptando algunas formas características de la edición de 1962 del Misal Romano. Las lenguetas son de mayor tamaño, más estilizadas, y con mejor aspecto. Las cintas son de diversos colores, y de muy buen aspecto. Todo esto contrasta con la deficiente presentación del antiguo Misal, con cintas plásticas, o bien, cintas angostas y en poca cantidad, así como lenguetas de escaso tamaño, y muy frágiles.


Podemos ver estas diferencias, en parte, mediante las siguientes fotografías:


La imagen anterior corresponde a la edición del Misal correspondiente al Año 2000. Podemos evidenciar el motivo que adorna las tapas, así como los marcadores de páginas tipo cinta, que son de corte recto y de plástico.


La imagen anterior corresponde a la nueva edición del Misal Romano, que como vemos, es mucho más sobria. Además, podemos visualizar en parta los marcadores de página tipo cinta, los cuales tienen una disposición mucho más delicada, y son de tela.


c.- La inclusión de algunas pinturas de muy buena calidad, en el Misal, adornando las diversas partes del Misal, como el inicio de cada tiempo litúrgico, y del Canon Romano. Esta idea viene a rememorar la usanza que corresponde al Misal Romano antiguo, que utiliza imágenes en partes clave del Misal.


2.- Así mismo, contiene la traducción correcta del "Pro Multis", como "Por Muchos", en la fórmula consecratoria del vino. Junto con ello, y para gran alegría nuestra, la Conferencia Episcopal de Chile ha querido mantener la correcta traducción de "Tomad y Comed", "Tomad y Bebed", y el Vosotros en las fórmulas consecratorias de la oblata, que se pone en contraste con la decisión de las otras conferencias episcopales, que han decidido migrar a la traducción menos correcta ("ustedes", y sus derivados).


3.- Finalmente, entre otras muchas cosas, se verifican dos buenos aspectos en torno a las plegarias eucarísticas:
a.- Se ha colocado, al inicio de cada plegaria, en la hoja inmediatamente anterior, la forma litúrgica de realizar esa plegaria, indicando el momento de juntar las manos, de rezar con manos extendidas, entre otros gestos litúrgicos propios del sacerdote. Esto es clave, para que muchos sacerdotes puedan revisar fácilmente la manera correcta de rezar las plegarias eucarísticas, dando menos cabida a abusos litúrgicos accidentales (pues ahora no se puede argumentar el desconocimiento".
b.- Una gran noticia: Se han SUPRIMIDO las plegarias para Misas con Niños, que son tan poco litúrgicas, y han sido reemplazadas por plegarias para diversas circunstancias (al parecer, corresponderían a las formar alternativas de las plegarias Va, Vb, Vc y Vd, que ahora se llaman D1, D2, D3 y D4 respectivamente. Esto indica un gran avance en materia de liturgia, eliminando las plegarias que carecen de un contenido digno para ser incluidas en el Ordo Missae.


Es de esperar que, en poco tiempo más, el uso de este Misal sea masivo, y podamos tener una liturgia más correcta en nuestras Catedrales, parroquias y capillas.


In Christo +
MARCVM


::: Actualización 05-Octubre-2009 :::


La Conferencia Episcopal de Chile (CECh), por medio de la publicación de un decreto, ha establecido lo siguiente en torno a los plazos, siendo muy específicos:

"En virtud de sus atribuciones, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile estableció como fecha de inicio para el uso de esta nueva versión el Primer Domingo de Adviento del Año Litúrgico 2009-2010, que corresponde al fin de semana del 28 y 29 de noviembre.
El decreto establece que hasta el último día del Año Litúrgico 2009-2010 se permite el uso simultáneo de esta nueva edición y de las traducciones al castellano de la tercera edición típica latina de 1975. A partir del Primer Domingo de Adviento del Año Litúrgico 2010-2011 el uso del nuevo Misal debe ser tenido como el oficial para la celebración lícita de los Misterios del Señor en todo el territorio nacional.
No obstante lo anterior, las palabras “por muchos” en la consagración de la Sangre del Señor deberán comenzar a utilizarse sin excepción a partir del Primer Domingo de Adviento de 2009 cualesquiera sea el Misal que se use. 
"


El texto no se presta a Dudas. Ojalá que sea tomado en cuenta como corresponde, ya que advierte que oficiar la Santa Misa sin el correspondiente Misal, o bien, sin el cambio correspondiente en la Plegaria Consecratoria hará que la Santa Misa sea oficiada de manera Ilícita.