miércoles, 20 de enero de 2010

La falta de fe de los sacerdotes [III]

Publicado por Cæremoniarius @ 18:11:00



Siguiendo con el tema en análisis, a saber, sobre los problemas generados a partir de la falta y debilitamiento de la fe en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía y sobre la verdadera dimensión de la Santa Misa, hemos de entrar en algo que tiene un transfondo también muy importante: La vestimenta sacerdotal.


Hace algunos días, el Padre José Antonio Fortea, destacado experto en Demonología, ha puesto a conocimiento general un nuevo blog, dedicado a los sacerdotes, donde explica desde diversos puntos de vista el porqué del uso del hábito eclesiástico. El blog es http://porquedeboirvestidodesacerdote.blogspot.com y recomendamos su lectura. Pues, en este mismo blog, hemos encontrado una reflexión muy buena, que hemos de ampliar y profundizar en esta ocasión.


Sabemos todos que la validez de la famosa frase "El hábito no hace al monje" es parcial. El hábito, en numerosas ocasiones, ayuda a quien lo utiliza a mejorar su comportamiento, y a ser siempre visible, de manera que está obligado a cumplir sus obligaciones (aunque no sea una garantía). Pues, en estos últimos 40 años, y desde mucho antes quizás, el debate sobre el uso o no uso de la vestimenta talar y de los hábitos religiosos correspondientes han sido un tema de álgida discusión. 
Sin duda, el traje eclesiástico tiene asociado de manera inseparable una teología en torno a su uso. Y es por ello que hay dos bandos claramente diferenciados en torno al tema, más un tercer bando que corresponde a una mezcla no definida, los cuales representan a las diversas concepciones de lo que es el Sacerdocio Ministerial.


La primera visión, asociada comúnmente con el no uso de los hábitos eclesiásticos, y su reemplazo por ropa ordinaria (lo que comúnmente vemos como "sacerdotes de civil"), tiene unida a sí una "Teología Sacerdotal" muy particular, relacionada con  un sacerdote que está en el mundo, es del mundo y es como todo el mundo, y por tanto, que no necesita diferenciarse de los fieles, pues en esencia, es un fiel más de la Iglesia, llamado a un ministerio en particular. Muchos consideran que el sacerdote debería ser un hombre "normal", casado, con hijos y, preferiblemente, con un trabajo civil. De forma que para ellos lo ideal sería que el sacerdote fuera un hombre normal con un trabajo secular, que se dedica a las cosas de la Iglesia en el fin de semana. Como vemos, esta visión no está tan alejada de lo que en la realidad sucede en muchos lugares donde la lógica laicista y rupturista ha sido impuesta como un dogma entre los laicos y entre los mismos sacerdotes. Bajo esta visión del sacerdocio han caído muchos, entre ellos, los propios protestantes (ligados al Lutero, Calvino, Kramer, Zwinglio, etc.), que consideran al Pastor como un "primus inter palis", pero sin la particular importancia que tiene para los católicos. Bajo esta misión, lo que prima es la ayuda al prójimo y la "caridad", por sobre el cumplimiento del deber cristiano y de la Santa Misa.


La segunda visión, contrapuesta a la anterior, está unida frecuentemente el uso del hábito talar sacerdotal de manera permanente, no como una obligación, sino como un signo de pertenencia a Dios y como signo de su ministerio al servicio de Dios y de su Santa iglesia. En esta concepción el sacerdote está en el mundo, pero sin ser del mundo. Esta es una concepción del sacerdocio como consagración a Dios. Un ejemplo de esto se encuentra en el sacerdote que reza su breviario, que dedica un gran tiempo a la oración y que está dedicado plenamente a las cosas de Dios y de su Iglesia. Lamentablemente, esta visión ha disminuido paulatinamente, aunque aún quedan algunos sacerdotes de este tipo. Hoy en día, esta visión va recobrando su fuerza y realidad, apoyada tanto en una adecuada reflexión en continuidad a la tradición de la Iglesia (de la que esta visión es su descendiente legítimo), así como en la valoración de la vida de muchos santos sacerdotes, que han hecho de su hábito eclesiástico un signo de la presencia de Dios en medio de la Iglesia, de la cual el sacerdote es una herramienta, dispuesto plenamente a hacer la voluntad de Dios mediante las obligaciones propias e inherentes a su función sacerdotal para la cual fueron consagrados. En esta visión, la consagración a Dios implica que el sacerdote es un hombre de Dios, que administra su gracia; Y no olvidando el deber de la caridad y del amor al prójimo, busca dedicarse por completo a lo que es de Dios, sirviendo a los fieles, de manera prioritaria, mediante la celebración de los Sacramentos y del Santo Sacrificio de la Misa.


Una tercera visión está constituida por una mezcla heterogénea de lo anterior, es decir, por una visión "moderna" del sacerdocio, donde las visiones continuistas y rupturistas están mezcladas, de manera de originar algo nuevo, donde prima la conveniencia del sacerdote. Se manifiesta esto en el uso de un traje eclesiástico reducido (como por ejemplo, el Clergyman), ya sea de manera contínua o en ocasiones importantes, así como el uso de tenidas diferentes, para los domingos y fiestas, o para los días de la "semana". Las razones de esta visión se evidencian en que se considera al sacerdocio como un ministerio de servicio a la comunidad, por sobre del servicio y la consagración a Dios. Por ello, cualquier cosa que no involucre a la comunidad queda relegada a un segundo plano. Hoy en día, es la visión común en muchos lugares donde la idea de libertad, de progreso, de reforma, ha sido más conservadora y no ha tenido un arraigo tan importante dentro de la sociedad y del clero eclesial. Así mismo, esta postura es peligrosa, porque frente a persecuciones políticas o sociales, se tiende a cambiar el discurso muy rápidamente, adaptando la teología sacerdotal a conveniencia.


Lo que la Iglesia promueve y seguirá promoviendo siempre es la visión que sea acorde a la tradición de la Iglesia (que en nuestro caso es la segunda), donde el sacerdote esta consagrado a Dios de manera total y plena, y es quien administra la Gracia Divina mediante los sacramentos de la Santa Iglesia. Esto, no quita la necesidad de que el sacerdote sea cercano a los fieles, y les ayude en sus necesidades, siendo cuidadoso con el llamado del Señor Jesucristo a la caridad y el amor. Pero, sin duda, esta caridad debe estar intrínsecamente unida a la verdad: Caritas in Veritate.

Para finalizar, queremos citar parte de las reflexiones del P. Fortea (que han servido de hilo conductor de este artículo), en los cuales se destaca de manera más explícita la veracidad e importancia de considerar el Sacerdocio (y la Teología Sacerdotal) de una forma más conservadora, según y siempre en continuidad con la Tradición de la Iglesia: Es el Sacerdote un hombre que no pertenece al mundo, que ha sido apartado del mundo, y que tiene la misión de estar en el mundo para llevar a Dios a los fieles, la misión de ser Cura de Almas, y de llevar esas almas al cielo, siendo esto, como dice la oración, su consuelo en la tierra y su corona eterna en el cielo.

Aunque la raíz por la que unos defienden o atacan los trajes clericales, depende al final de qué es lo que consideramos que es la Iglesia, conviene considerar un detalle. Los protestantes, al principio, atacaron con saña todo tipo de vestidura que distinguiera a los pastores del resto de los creyentes. Durante muchas generaciones no hubo vestidura alguna entre sus pastores, pues se cargaron mucho las tintas en que esta costumbre era ajena a la Biblia. Pero hoy día, cuatro siglos después, la mayor parte de esas denominaciones han restaurado trajes eclesiásticos, al menos, para las ocasiones solemnes. Y, por supuesto, los trajes litúrgicos fueron restaurados mucho antes que los eclesiásticos. 
La iglesia ortodoxa se separó y se mantuvo bastante incomunicada de la católica durante mil años. Y, sin embargo, el Espíritu Santo la llevó por el mismo camino que la Católica en este tema. Y no sólo eso, sino que incluso la hechura de sus vestiduras eclesiásticas es casi igual. Más sorprendente resulta que incluso en color coincida, y vayan de negro.
PS: Nótese que en las tres entradas de este tema, la primera imagen corresponde a un abuso litúrgico, perpetrado por sacerdotes de la visión rupturista. A su vez, las imágenes finales de cada artículo corresponden a sacerdotes que conforman la visión continuista y tradicional, que hoy en día está muy en boga, en especial, considerando las vocaciones.

lunes, 18 de enero de 2010

La falta de fe de los sacerdotes [II]

Publicado por Cæremoniarius @ 19:32:00

Volviendo sobre el tema anterior, podemos ver que la falta de fe no solamente se queda en los Sacerdotes, y por consiguiente, en los obispos, que en sus respectivos órdenes sagrados, tienen la potestad de celebrar el Santo Sacrificio del Altar. Este problema actual también tiene serias repercusiones sobre los demás ministros, ya sean sagrados o no, como por ejemplo, los diáconos, los seminaristas, los monaguillos (o acólitos), los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, entre otros, como los llamados "ministerios laicos", como los lectores, los guías y, lo que es peor, los "animadores".


Todos estos "ministerios" tienen como denominador común la falta de fe, o más bien, el debilitamiento progresivo de la fe (si es que queda algo) en la Presencia real de Cristo en la Santísima Eucaristía, así como de la realidad divina que es propia de la Santa Misa.


Ejemplo de esto lo podemos ver por medio de las diversas actitudes que toman estas personas frente a la Santa Misa, o a los Sacramentos. Por ejemplo, diáconos dormitando durante la homilía, lectores conversando durante la consagración, monaguillos jugando y conversando, Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión recibiendo la Sagrada Comunión como si fuera una galleta, Seminaristas distraídos o sin mayor intención de participar de la Santa Misa, guías riéndose durante la Misa, "animadores" que invitan a los fieles a aplaudir diversas circunstancias no religiosas simulando la presencia en un estadio: En fin, una serie de acciones que demuestran desinterés, falta de piedad, y por sobre todo, una falta de respeto hacia el Santísimo Sacramento y la sacralidad de la Acción Litúrgica.


Ahora bien, y volviendo al fondo del asunto, podemos evidenciar que la falta de fe en la Presencia Real de Cristo, y por ende, de la importancia de la Santa Misa, tiene también efectos, que podríamos llamar colaterales, que son fruto directo y síntomas absolutamente distinguibles, que, en virtud de lo que dice Sacrosanctum Concilium, proviene del hecho de que la Santa Misa es el centro de toda la vida de la Iglesia. Estos frutos afectan en lo Pastoral y en lo Catequético fundamentalmente.

En cuanto al ámbito Pastoral, surgen numerosas problemáticas, como por ejemplo, el relajo de las costumbres sacerdotales, así como la negligencia en la atención pastoral del pueblo de Dios, que son dos elementos muy elocuentes de este gran problema. Cuando el sacerdote deja de lado su misión fundamental, que es la cura de almas mediante la Santa Misa y la administración de los sacramentos, y los reemplaza por otro tipo de actividades, podemos ver como se desvirtúa la función sacerdotal. De hecho, muchas de estas actividades son buenas, como por ejemplo, la evangelización por medio de la Radio, la Televisión, los medios escritos, o bien, mediante la participación in situ en algunas reuniones; Otras no son buenas, como reuniones de temas extra-eclesiales o incluso anti-eclesiales, reuniones sociales en casas de familias amigas, o en otro tipo de actividades contrarias al espíritu sacerdotal propio de quien debe ser un "Alter Christi", es decir, un reflejo de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. El punto es el siguiente: Ninguna actividad, por buena que sea, es pretexto suficiente para realizar negligentemente (o derechamente no realizar) las funciones sacerdotales propias e inherentes a su estado.
En este punto es donde se enmarcan numerosas actividades de los sacerdotes, quienes no están conscientes de la alta misión a la que fueron llamados y para la cual fueron ordenados, reemplazan sus deberes por cosas ajenas a la misión sacerdotal. Y lo peor es que en muchos casos, son origen de problemas del mismo sacerdote con la comunidad parroquial, o con otros sacerdotes, así como el punto de partida de un proceso de "degradación espiritual", que en numerosas ocasiones acaban en una completa secularización, falsificación y pérdida de sentido del sacerdocio católico.


En cuanto al ámbito de la Catequesis, el problema es uno, y por tanto, con diversos matices, lo que dificulta su identificación temprana en muchos casos (Comentario: en efecto, estoy tratando el tema como si fuera una patología, puesto que se ha instalado en la Iglesia como un verdadero cáncer). El grave problema corresponde a la fallas en que incurren los sacerdotes, producto de los defectos formativos de los seminarios que los forman, así como del propio deseo revelarse contra lo que la Iglesia ha enseñado durante siglos. Esto lleva a que los fieles sean formados de manera deficiente, colocando en ellos una semilla inestable y enferma, que germina en algo bizarro, y que en muchos casos muere irreparablemente, siendo necesario volver a comenzar desde cero. De la misma forma, lleva a que los fieles sean inducidos en el error, y por tanto, cometan diversos abusos, que en numerosos casos son pecados veniales o mortales, y que también inducen al error en más personas, extendiéndose de manera pandémica el problema.


Continuará...

jueves, 14 de enero de 2010

La falta de fe de los sacerdotes [I]

Publicado por Cæremoniarius @ 19:29:00

En la Misa de Gallo de la pasada navidad, el Santo Padre Benedicto XVI ha dicho algo muy claro, que ha sido patente por siempre en la Iglesia, y que hoy en día se ha vuelto algo obsoleto para la corriente litúrgica del rupturismo: "La Liturgia es la primera prioridad. Todo lo demás viene después". Y es que, hoy en día, muchos sacerdotes han olvidado que la Sagrada Liturgia, de donde el Santo Sacrificio de la Misa es su principal componente, es el centro de toda acción dentro de la Santa Iglesia. 


Es lamentable ver como hoy en día, muchos sacerdotes cometen abusos litúrgicos, derivados principalmente de la creatividad y de la ignorancia de los presbíteros. Sin embargo, si comenzamos a analizar y ponderar adecuadamente las causas más profundas, veremos que en el centro del problema está un deterioro progresivo de la Fe en la presencia real de nuestro Señor Jesucristo, y por tanto, en la Iglesia como obra y manifestación del mismo Cristo.


Alguna muestras de ello se pueden evidenciar en el modo de celebrar de cada sacerdote, que en algunos casos, dista mucho del Ars Celebrandi que es propio de la Sagrada Liturgia. Por ejemplo, hay algunos hechos de moderada gravedad, pero bastante significativos, como la supresión de ciertos cánticos (como el Kyrie, el Gloria, el Sanctus o el Agnus Dei), y su reemplazo por otros cánticos sin valor litúrgico y con letras no litúrgicas (como cantos de perdón, villancicos, alabanzas "protestantes", entre otros).
Otro ejemplo de esto está constituido por el uso de las mismas moniciones, como por ejemplo, la omisión de los prefacios propios, y su reemplazo por un mismo prefacio y una misma plegaria siempre (cosa que suele pasar con la Plegaria II, que es la más corta, y que tiene prefacio adicional). También podemos encontrar hecho de hacer el resto del canon entre la consagración y la doxología final en silencio (cosa que no está mal hecha), reemplazándolo por 5 a 6 segundos de silencio, en donde el sacerdote "lee" la plegaria a toda prisa, sin ni siquiera rezarla en voz baja.
Otro ejemplo, aún más desagradable, es la omisión de las genuflexiones después de la elevación de las sagradas formas, y su reemplazo por simples venias, donde se da como excusa la comodidad (esto es más común en los días de semana).
Así mismo, existen otro tipo de abusos, no tan graves, pero que también evitan la oración, como cánticos en momentos no adecuados en la liturgia, como por ejemplo, después de la consagración, entre cada una de las moniciones del Cánon, o bien, con la supresión de los silencios litúrgicos, los signos de la paz como signos civiles y sin valor litúrgico, etc. (mencioné la aberrante cantidad de cánticos antilitúrgicos, e incluso, herejes, pues han sido sacados de autores protestantes???)


Y así, podemos seguir enumerando una serie de abusos, que tienen como común denominador la pérdida de la fe en la presencia real de Cristo en las sagradas formas.

La forma de evitar, y en parte, deshacer todo el daño que se ha inducido con el exceso de libertad y las ambigüedades en materia litúrgica y teológica es fomentar la Piedad Litúrgica, tanto de los nuevos seminaristas, que como nueva savia deben aprender de hacer de la Misa el acto más importante de sus propias vidas, así como de los sacerdotes ya ordenados, para que puedan recuperar la fe en la presencia real, y así, aumentar la piedad y la conciencia de su misión en la Iglesia, así como también del pueblo fiel, de manera de seguir adelante por las sendas del Señor y poder aprovechar las gracias que la Santa Misa nos entrega.


En cuanto a esto, el Sumo Pontífice nos ha dado cátedras sobre catequesis litúrgica: La orientación "Coram Deo" o "Ad Orientem" de la Liturgia, la comunión de rodillas, la belleza de los ornamentos de diverso tipo (corte romano, gótico, estilo francés, español, alemán, así como también nuevos diseños), la eliminación de signos y gestos ajenos a la Liturgia, la recuperación del latín, el fomento al canto gregoriano y a la música polifónica, el retorno de signos y artículos propios de la sagrada liturgia, como el asterisco y la férula papal , entre otros elementos litúrgicos, que no son "vueltas al pasado" o "excesivo trapismo", como han dicho diversos rupturistas, sino que son signos claros de una verdadera Hermenéutica de la Continuidad, es decir, un desarrollo en continuidad con la bimilenaria tradición eclesiástica y litúrgica. El Santo Padre no está dispuesto a reducir a la liturgia a un acto humano individualista, sino que, por el contrario, se ha propuesto reintroducir a la vida de la Iglesia algo que por 40 años ha sido relegado a los baúles y cuartos vacíos de las Iglesias: La pertenencia divina de la Liturgia.


La Liturgia, como acción sagrada, no es algo propio del hombre, sino que es de Dios y para Dios, y por ello, el sacerdote no es el dueño de la Sagrada Liturgia, sino que, por el contrario, la Liturgia trasciende al sacerdote, quien se convierte solamente en un medio, por el cual Dios se hace presente. En efecto, el Sacerdote no es nada sin el poder Divino que le permite, por acción del Espíritu Santo, consagrar las Sagradas Formas, haciendo presente a Cristo en medio de la Iglesia de manera Real y substancial. Así mismo, la Misa no es nada sin el Sacerdote, quien es el medio que Cristo ha dejado a la Iglesia para administrar la gracia. Esta mutua dependencia, donde el Sacerdote, In Persona Christi, hace presente al Redentor,  es motivo imprescindible de reflexión profunda y de una actitud de responsabilidad en realizar este ministerio tan fundamental con la mayor santidad de vida y piedad posible, para alcanzar el ideal, que es ser un Alter Christi, es decir, otro Cristo.


Continuará...

Mi lista de blogs

Seguidores