viernes, 19 de febrero de 2010

Oremus

Publicado por Cæremoniarius @ 15:28:00
Estimados amigos y lectores de Sacram Liturgiam:


Les pedimos oración por nuestros hermanos de la Arquidiócesis de la Plata, quienes están realizando esfuerzos para lograr la celebración de la Santa Misa en la forma extraordinaria del Rito Romano en la diócesis. Pidamos a Dios para que la petición tenga buena acogida por parte del Obispo, y que se le permita acceder a los fieles a esta Tradición viva de la Fe de la Iglesia.

jueves, 18 de febrero de 2010

Quadragesima A.D. MMX.

Publicado por Cæremoniarius @ 17:34:00

Al Iniciar el período de la Santa Cuaresma, realizaremos un breve estudio litúrgico sobre este tiempo y su significado, y algunas rúbricas necesarias para este tiempo.

  Antiguamente, comenzaba la Cuaresma el sexto Domingo antes de Pascua (La actual primera domínica) y, por no ser día de ayuno los domingos, comprendía solo 36 días. Por ello, hacia el siglo VI-VII, se anticipó al miércoles anterior (que se pasará a llamar Miércoles de Cenizas). Luego, se puede evidenciar que el motivo del inicio de la cuaresma el miércoles anterior a la primera domínica, no responde a criterios exclusivamente litúrgicos, sino que más bien, tienen su origen en el ayuno. 

La Cuaresma primitiva, es decir, en los primeros siglos de la Cristiandad, parece haber sido de un carácter de intensa mortificación y piedad, como preparación a las fiestas pascuales, sobresaliendo entre sus prácticas la privación y la abstinencia de manjares (un aspecto que es común a todos los fieles sin importar su origen), la Penitencia Pública (en los pecadores o penitentes, para así lograr su reconciliación, lo que vendría siendo un antecedente histórico del sacramento de la Penitencia) y la del Catecumenado (a favor de quienes habían de recibir el Bautismo).

Bendición e imposición de la Ceniza.

Este rito deriva de la antigua disciplina de la penitencia pública (que se hace menos frecuente desde el siglo VII), conforme a la cual en este día se expulsaba solemnemente de la Iglesia a los pecadores con varios y prolijos ritos, uno de los cuales estaba constituído por la imposición de la ceniza bendita. Hecha muy rara tal disciplina penitencial (para el siglo VII), y ya desaparecida (ya a comienzos del siglo X), se generalizó el imponer la ceniza a todos los fieles, aún al Clero, habiendo extendido tal rito a toda la Iglesia el Papa Urbano II, en el Concilio de Benevento (1091).

La imposición de las Cenizas debe hacerse con Ceniza bendecida según el rito prescrito en el Misal Romano. Esta ceniza debe ser bendecida el mismo día que ha de ser aplicada, y por el sacerdote que celebra la Santa Misa. Puede imponerla el Celebrante y cualquier otro sacerdote revestido. (Según las nuevas normas (Novus Ordo), el diácono puede también ayudar en la imposición de las cenizas cuando las necesidades pastorales lo exijan).

La Sagrada Congregación de Ritos aprobó (mediante el decreto 4373) la costumbre de imponer ceniza el Primer Domingo de Cuaresma, para quienes no pudieron recibirla el día miércoles. Esta práctica se debe a la necesidad de extender esta práctica hacia capillas rurales y otras capillas donde no se colocó la ceniza durante el día miércoles precedente. Este rito debe realizarse con ceniza bendecida el día miércoles anterior. La imposición de cenizas en la primera Domínica de Cuaresma debe hacerse fuera de Misa, o al finalizar ésta. (Esta costumbre se mantiene en el Novus Ordo, ya que no existe derogación de tal costumbre, siempre y cuando se haga conforme a las rúbricas).
Prescripciones litúrgicas del tiempo de Cuaresma.

Todas las domínicas son privilegiadas (de 1° clase), y todas las ferias son mayores, siendo privilegiadas las de Miércoles de Ceniza y Semana Santa. Durante la Cuaresma (desde Miércoles de Ceniza) se suspenden las solemnidades nupciales (Lo cual debiera rescatarse para el Novus Ordo). Por el carácter penitencial, se suprimen del Oficio Divino y de la Santa Misa todas las manifestaciones de alegría, inclusive las toleradas en Adviento y Septuagésima: El ornato de los altares, del coro y de la iglesia es moderado, sin flores ni reliquias; no se usan dalmáticas y tunicelas, ni se pulsa el órgano (lo que, en Novus Ordo, sería además privilegiar el canto A Capella); El color de los ornamentos es morado, salvo el cuarto domingo de Cuaresma, que corresponde al Domingo Laetare, donde se ocupa color Rosado. Esto regirá para todos los días, salvo contadas excepciones, como San José o la Anunciación.

En la Misa, se omite el Gloria y al final se dice "Benedicamus Domino" en vez de Ite Missa Est (Lo que equivale a decir "Bendigamos al Señor" en vez de "Podéis ir en Paz" en el Novus Ordo). Así mismo, no se canta el Alleluia, sino que es reemplazado por el Tracto.

PS1: Nuevamente, el Papa hace de la Santa Misa una verdadera Catequesis litúrgica: Arreglo tradicional del Altar, SIN CONCELEBRANTES, Dalmática pontifical, Casulla de corte romano, Solemnidad, etc.
PS2: Esta disponible también el artículo de la Cuaresma del año pasado, de este mismo blog, donde se hace una especie de breve ensayo, tomado del libro "Doce Nos Orare", sobre la Teología Litúrgica de este tiempo. Se puede acceder a este documento, haciendo clic AQUÍ.

domingo, 7 de febrero de 2010

La falta de fe de los sacerdotes [IV y final]

Publicado por Cæremoniarius @ 22:27:00





Comentábamos en los artículos anteriores las diversas acciones y motivaciones que son causa para los abusos litúrgicos, y en general, en los errores doctrinales de muchos clérigos, desde seminaristas hasta los propios obispos. He nombrado, en más de una ocasión, uno de los problemas más graves dentro del ámbito de nuestro estudio, (que es la Liturgia), y que conciernen más centralmente a la Teología Litúrgica.

Este problema, al que hemos denominado 'Rupturismo', es consecuencia de una radicalización de la falsa hermenéutica litúrgica producida en el post-concilio, de un claro aspecto reformador y con un verdadero odio a todas las venerables prácticas litúrgicas y de piedad de la tradición de la Santa Iglesia.

Ahora bien, después de haber hecho este análisis, que por lo demás deja las puertas abiertas a nuevas reflexiones, más profundas y preparadas, queremos dar algunas claves que pueden, de alguna manera, evitar caer en la progresiva pérdida de la Fe, tanto de los mismos clérigos, como también de los mismos laicos. Cabe decir que estas claves no actúan como remedio en si mismas, pero son medios que, con un buen uso y con mucha oración, fructificarán copiosamente.



Un ejemplo de ello es la piedad litúrgica. La terminología "piedad litúrgica" puede ser muy ambigua en algunos casos. Sin embargo, podemos, de alguna forma, intentar sintetizar su contenido en una frase: "La piedad litúrgica es vivir de manera sobrenatural la liturgia".
Intentaremos llegar un poco más profundo analizando esta frase:

1.- "Vivir": El vivir la liturgia no es tan solo participar activamente: El hecho de contemplar los sagrados misterios ya es una forma de vivir la liturgia. La oración en silencio, la vida de oración, el rezo del Oficio Divino, la participación devota del Santo Sacrificio de la Misa, la lectio divina, el Santo Rosario, las novenas, las peregrinaciones, las procesiones, entre otros muchos actos piadosos litúrgicos y paralitúrgicos, contribuyen de manera efectiva en el vivir la Liturgia. Sin embargo, debe ir acompañado siempre de una intención profunda de vivir la Sagrada Liturgia, saliendo de todo lo mundano, ya que la Liturgia tiene su origen y su fin último puesto en la Divinidad de la Santísima Trinidad. Luego, vivir no es solo contemplar las cosas de este mundo, sino que esta constituido por contemplar y hacernos partícipes en el Santo Sacrificio de Cristo en la Cruz, que se renueva de manera incruenta cada día en la Santa Misa.

2.- "de manera sobrenatural": La Santa Misa no es algo normal ni humano: Es de origen sobrenatural, ya que se hace presente Cristo mismo, y se renueva su sacrificio en la Cruz. Por ello, la Santa Misa es un acto sobrenatural, infinitamente lleno de la gracia de Dios y llena también de innumerables frutos para quienes asisten a ella devotamente. Por ello, la Misa requiere una mirada sobrenatural de quienes participen de ella. Dado que la Misa no es algo humano ni natural, el lenguaje claramente es distinto, así como la música y los gestos. No se ocupan las actitudes que se ocupan en el mundo, debido a que la Misa es algo sagrado, y que trasciende al mundo y sus actitudes. De alli que para la Liturgia siempre debe procurarse lo mejor, tanto en lo propio como en lo concerniente a los Demás. Un lugar sagrado digno e insigne, modestamente adornado, así como una vestimenta modesta y ordenada colabora, no solo con mantener un mínimo de respeto por la casa de Dios ("Terribilis est locus iste"), sino que también colabora con la sintonía de todos en los misterios divinos, y no en la distracción. Así mismo, una predisposición hacia los divinos misterios, ayuda a crecer en la fe, a la vez que edifica la fe de quienes pueden visualizar los gestos y actitudes de una persona, de manera de aprender a vivir mejor la liturgia. Recibir la Sagrada Comunión de rodillas y en la boca no es un "arcaísmo", sino que una forma piadosa de recibir en adoración al Señor, como niños ("Quasi modo geniti infantes" reza el introito del Domingo "in Albis", hoy, segundo de Pascua). De la misma manera, el rezo de las oraciones para antes de Misa, ofreciendo el Santo Sacrificio por alguna intención en particular, o bien, las oraciones propias del sacerdote para preparar la Santa Misa, así como el rezo de las Preces Leoninas, y de otras plegarias de acción de gracias para después de la Misa. 

Todas las anteriores recomendaciones, entre las cuales podríamos agregar muchas otras devotas prácticas, deben siempre ir acompañadas de una sincera intención de participar en el Santo Sacrificio, y no ser tomadas como "plegarias mágicas" o costumbres, ya que con ello se desvirtúan totalmente.
Para finalizar esta secuencia de artículos, quisiera remitirme a un hecho muy importante: La necesidad de recuperar el Sentido de la Liturgia. Hoy en día, la Iglesia ministerial ha perdido en parte el sentido auténtico de la liturgia, y se ha apartado de la verdadera doctrina. Ya no se hace, comunmente, de la Misa el centro de la vida de la Iglesia, ni tampoco se predican las verdades de la fe. El problema radica en que muchos clérigos han entendido de manera rupturista el sentido de "aggiornamiento" de la Iglesia a los nuevos tiempos, que promovió el concilio vaticano II, y han "aligerado" la fe, haciendo que muchos la pierdan de manera muy fácil, ya que no han creado en los nuevos miembros de la Iglesia un fuerte cimiento para defender la fe de las tentaciones del demonio.
Luego, es necesario recuperar el sentido de la Liturgia, su sacralidad, su importancia, su decoro, la participación piadosa, la vida devota, la vida ejemplar de los clérigos, una enseñanza firme de la verdadera doctrina de la Iglesia, una eliminación de términos débiles y que, aunque son muy bonitos, no dan espacio a la profundización de la fe (tales como "Dios te ama", "a Dios no le importa el pecado", etc.).
Finalmente, hacer hincapié en eliminar el Sentimentalismo de la fe, que hoy se encuentra ampliamente extendido. Como me hace recordar un preciado amigo, seminarista, en muchos lugares se ha extendido la práctica de que, cuando uno no siente la presencia o la acción de Dios es porque no existe su presencia. Este problema se puede evidenciar de manera muy fuerte en algunos grupos "protestantoides", es decir, ligados al protestantismo, como algunos de los movimientos carismáticos, así como de otros grupos de más difícil detalle. También es un problema que afecta a muchos, y que muchos sacerdotes y laicos han extendido en la Iglesia, creando desconcierto.
Urge, por lo tanto, profundizar en la fe y en la teología litúrgica por parte de los fieles, haciendo uso de todas las herramientas disponibles: Catequesis, Homilía, cursos, reuniones, charlas, etc. Sin embargo, existe una herramienta que será la más productiva y eficaz en este aspecto, que es la Liturgia bien celebrada, por un sacerdote piadoso, que pueda compenetrarse en los Misterios Divinos de los que es parte 'In persona Christi', y que procura hacer que los fieles se compenetren junto con él en el Santo Sacrificio de la Misa.

Aprovechemos los innumerables frutos que pueden ser sacados de una fervosora participación en el Santo Sacrificio.

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