viernes, 29 de julio de 2011

Una Voce Málaga ahora es "Acción Litúrgica"


Estimados amigos:


Comunicamos que nuestros amigos de Una Voce Málaga, una de las mejores webs de información religiosa, con un marcado estilo dentro de la hermenéutica de la continuidad y en total adhesión al Santo Padre, ha vuelto a internet, esta vez, como el Blog Acción Litúrgica.


Felicitamos a nuestros amigos e invitamos a todos a visitarlos:

(Agréguelo a sus enlaces favoritos!)

domingo, 24 de julio de 2011

Ad Orientem [IV]


V.- HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD Y SITUACIÓN ACTUAL EN LA IGLESIA.

La reflexión teológica del Cardenal Ratzinger en su libro "Introducción al Espíritu de la Liturgia" ha influido fuertemente en la Liturgia Pontificia, siendo ahora Papa. Podríamos decir, en pocas palabras, que el Santo Padre busca devolverle la centralidad a Dios en la Liturgia, la cual fue desplazada por un antropocentrismo desmesurado, producto de interpretaciones vagas y erradas de los documentos y del "espíritu" del Concilio Vaticano II. 

Esta centralidad de Dios en la Liturgia, tiene tres características imprescindibles y una consecuencia necesaria, las cuales son fundamentales para comprender la hermenéutica de la continuidad:

1.- En primer lugar, la centralidad de Dios Padre, hacia el cual tiende toda la acción litúrgica. Este punto es vital, pues permite comprender la importancia de la celebración "Ad Orientem", la cual se realiza "todos juntos" (Sacerdote y fieles) hacia el Oriente litúrgico, que es Cristo, el cual es el Sumo y Eterno Sacerdote, que dirige la liturgia Celestial hacia Dios Padre. Por tanto, la celebración correctamente orientada es un fuerte llamado de atención hacia la centralidad del Misterio hacia Dios Padre, primera persona de la Trinidad Santísima, quien santifica todas las cosas.

2.- Así mismo, la centralidad de Jesucristo, a través de tres situaciones concretas, como son, en primer lugar, el Sacrificio de Cristo, que se renueva incruentamente en la Santa Misa, y que es la oblación que se ofrece en Sacrificio al Padre, cuya importancia radica en que es el mismo Dios quien se inmola a sí mismo, como sacerdote y víctima, para el perdón de los pecados y la salvación  del Hombre; Por otro lado, es la Cruz de Cristo el símbolo que nos recuerda en cada momento el misterio de la Pasión del Señor, el cual nos pide celebrar el Santo Sacrificio a perpetuidad, hasta su venida definitiva en las postrimerías; Finalmente, un tercer aspecto es que, mediante este Sacrificio puro, inmaculado y Santo, el Señor se queda en medio de su Iglesia, en forma real y sustancial, en la hostia consagrada, la cual se reserva en el Sagrario, por lo que la reserva del Santísimo es también una prenda de la Vida eterna, donde la presencia real del Señor se manifestará sin los velos que lo cubren en la vida terrena (es decir, sin "misterio" de por medio). De estas tres situaciones concretas, es posible verificar la centralidad de la Cruz, como elemento necesario para la acción litúrgica, independiente de la orientación (versus Deum o versus Populum), de manera tal de llamar siempre la atención sobre la centralidad de Cristo como Sacerdote y Víctima. De la misma manera, los constantes llamados de atención al Sacerdote para unirse de manera más consciente y perfecta con lo que se está celebrando, y por tanto, siendo respetuoso de la Forma que la Iglesia enseña.

3.- Finalmente, la última característica es la centralidad del Espíritu Santo, quien es "El Vivificador", quien permite la confección de los Sagrados Misterios, y que es fruto del Amor entre el Padre y el Hijo. Por ende, la centralidad del Espíritu Santo se ve manifestada en su acción en la Iglesia, particularmente, en la mismísima acción litúrgica, donde participa en forma plena en la Santificación de las oblatas. Así mismo, se ve manifestada a través del pueblo fiel, quien, movido por ese mismo Espíritu Santo, participa con Fe y fructuosamente del Santo Sacrificio, siendo el Espíritu Santo quien Santifica a los fieles mediante la celebración de los Santos Misterios. Finalmente, la acción del Espíritu Santo es central en el Sacerdote (y los ministros sagrados en general), el cual, movido por este mismo Espíritu, es medio por el cual Cristo santifica a su Iglesia mediante la recepción de su Santísimo Cuerpo y su Preciosísima Sangre. 
Esta característica es más difícil de evidenciar en el nuevo movimiento litúrgico, aunque se manifiesta de forma más bien implícita, en los tres niveles mencionados, en un mayor cuidado de la acción litúrgica según las normas litúrgicas establecidas por la Iglesia; un amor y cuidado fraternal de los Sacerdotes y ministros consagrados, quienes fueron elegidos por Dios para celebrar sus Sagrados Misterios; y, finalmente, en el creciente interés del pueblo fiel en profundizar en la acción litúrgica. También se puede evidenciar en el progresivo retorno de ciertas acciones de piedad, algunas populares, que se relacionan intrínsecamente con la acción litúrgica, siendo un ejemplo de ello, la Adoración al Santísimo Sacramento y su exposición solemne.

Además, es necesario nombrar la consecuencia necesaria de dicha centralidad de Dios en la Liturgia, que es la Santificación del Hombre. La unión intrínseca entre la Liturgia Terrenal, celebrada por el Sacerdote y los fieles, y la Liturgia Celestial, celebrada por Cristo como Sacerdote y Víctima hacia el Padre Dios en la unidad del Espíritu Santo, implica dos "movimientos": Un movimiento ascendente, que es la oración de la Iglesia en el culto "agradable a Dios", el cual sube a Dios Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, y un movimiento descendente, que es la Santificación de la Iglesia, la cual es obra del Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo.
Es por tanto, este "doble y recíproco movimiento" entre Dios, Uno y Trino, y su Iglesia, es el fundamento de la Liturgia en si misma. 


De lo anterior, vemos que el nuevo movimiento litúrgico busca, ante todo, la centralidad de Dios en la Liturgia, desterrando de una vez por todas el antropocentrismo teológico-litúrgico reinante en muchos lugares, producto de erradas interpretaciones, rupturistas e infieles, al texto conciliar y a la propia Tradición bimilenaria de la Iglesia.



VI.- CASO DE ESTUDIO.

Finalmente, traduciremos un extracto del interesantísimo blog de Dom Mark Kirby, llamado Vultus Christi, el cual nos presenta 10 ventajas de la orientación "Ad Orientem" para la celebración de la Sagrada Liturgia, las cuales ha vivido él mismo y por parte del monasterio benedictino del cual él es Prior.



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¿Cuáles son las ventajas de colocar el altar Ad Orientem, tal como yo las he experimentado en los últimos dos años? [...]:

1. El Santo Sacrificio de la Misa se ​​vive teniendo una dirección y enfoque Teocéntrico.
2. A los fieles se les ahorra el tedioso "clerocentrismo" que ha superado a la celebración de la Santa Misa en los últimos cuarenta años.
3. Ha vuelto a ser evidente que el Canon de la Misa (Prex Eucharistica) se dirige al Padre, por el sacerdote, en nombre de todos.
4. El carácter sacrificial de la Misa es maravillosamente expresado y afirmado.
5. Casi imperceptiblemente se descubre la rectitud de orar en silencio en determinados momentos, de recitar algunas partes de la Misa en voz baja, y, en otras, de cantar [dichas partes].
6. Brinda al sacerdote celebrante el don de una modestia santa.
7. Me encuentro cada vez más identificado con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote y Hostia Perpetua, en la liturgia del santuario Celestial, más allá del velo, ante el rostro del Padre.
8. Durante el canon de la Misa soy agraciado con un profundo recogimiento.
9. Los fieles se han vuelto más reverentes en su comportamiento.
10. Toda la celebración de la Santa Misa ha ganado en respeto, atención y devoción.

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Como podemos observar, existen grandísimas ventajas en el retorno a una centralidad en Dios para la Sagrada Liturgia. Aún cuando tomar esta vía de restauración de la Sagrada Liturgia conforme a su verdadero y auténtico espíritu lleva anexo una necesaria educación de los fieles y de los ministros sagrados en estas materias, es sin duda el camino que se ha emprendido con el Nuevo Movimiento Litúrgico.

Que Dios nos sostenga en la restauración de la Sagrada Liturgia, conforme a su auténtico espíritu, en la Hermenéutica de la Continuidad con la Tradición de la Iglesia, querida por nuestro amado Papa Benedicto XVI.

En Palabras de Mons. Klaus Gamber en "¡Vueltos hacia el Señor!":
"Según la concepción católica, la Misa es algo más que una comunidad reunida para celebrar una cena en memoria de Jesús de Nazareth. Lo importante no es la constitución de una comunidad, ni lo que ella vive -aunque esto no deba subestimarse (cf. Cor. 10,17)- sino sobre todo el culto que se rinde a Dios.

 No es el hombre sino Dios quien debe ser siempre el punto de referencia."




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martes, 1 de marzo de 2011

Ad Orientem [III]


IV.- EL POST-CONCILIO Y LA CELEBRACIÓN "AD ORIENTEM".

Pese a que el Misal Romano, en cualquiera de sus tres ediciones oficiales (Editio Typica), contempla directamente la celebración Ad Orientem (aunque también contempla la celebración Versus Populum para algunas ocasiones), la puesta en marcha de la Reforma post-conciliar fue absolutamente diferente.

El mismísimo Misal contempla la necesidad de conservar los altares ya construídos, y, en recintos nuevos, la construcción de altares separados de la pared, para que puedan ser rodeados con facilidad al ser incensados, y para celebrar, en ocasiones, la Misa hacia el pueblo. Sin embargo, esta instrucción fue mal interpretada (horrorosamente): Los altares fueron lamentablemente destruidos en su gran mayoría, perdiéndose una copiosa y abundante fuente de espiritualidad y arte sacro. Así mismo, fueron construidos altares, que en su gran mayoría, son de mal gusto y carecen de las condiciones mínimas establecidas por el mismísimo Misal Romano.

Así mismo, la celebración Versus Populum tomó un particular protagonismo frente a la celebración Ad Orientem, siendo esta última relegada al olvido. Las razones prácticas que motivaron dicho cambio (las que  se resumen, con bastante acierto, en: "Para que la gente pueda ver" y "porque lo antiguo está mal") en la orientación litúrgica no tienen realmente asidero alguno versus las implicancias teológicas que desencadenó y que hoy son absolutamente patentes en la celebración de la Santa Misa, Novus Ordo, alrededor del mundo entero.

Dicha instauración de la orientación "Coram Populo", y por ende, de una prohibición de facto de la orientación "Coram Deo", se ha mantenido durante todos los años posteriores a la reforma de 1970. Aunque han habido intentos de recuperar la orientación primigenia, estos intentos han fracasado, debido a la oposición tajante del clero, que en su gran mayoría, han vivido este proceso de "adaptación litúrgica".

V.- EL NUEVO MOVIMIENTO LITÚRGICO Y "EL ESPÍRITU DE LA LITURGIA" DEL CARDENAL RATZINGER.

Sin embargo, las nuevas generaciones de sacerdotes, clérigos y laicos, ajenos a toda la debacle litúrgica y teológica del post-concilio, han revalorizado, desde su propia experiencia y desde el estudio de la liturgia, en su dimensión práctica, teológica y espiritual, han retomado los intentos para la revalorización de la orientación de la liturgia, que como diversos estudiosos han confirmado, corresponde a una orientación común de fieles y clérigos desde los comienzos de la Iglesia. La lejanía de las nuevas generaciones con las de quienes presenciaron y fueron partícipes (activos o expectadores) de los cambios litúrgicos de la reforma de la década del 70' y de sus consecuencias posteriores, ha contribuido enormemente a que los nuevos clérigos y los jóvenes laicos descubran, por si mismos, la importancia y el valor trascendental de tradiciones antiguas, las cuales forman parte de la Tradición Viva de la Iglesia. Han, por tanto, valorado dichas tradiciones, que no son "objetos y prácticas vetustas", sino que verdaderas fuentes de espiritualidad y desarrollo teológico del Misterio del Santo Sacrificio de la Misa. 

Y, dado este escenario, los intentos por recuperar las tradiciones olvidadas (en muchos casos, olvidadas deliberadamente) han fructificado copiosamente, llegando a su cúlmen durante la última década.

En el año 2001, S.E. Joseph Cardenal Ratzinger publicó su obra litúrgica "El Espiritu de la Liturgia", en la cual hace un marcado hincapié en la recuperación de una Sagrada Liturgia en sintonía y fidelidad con la Tradición bimilenaria de la Iglesia.
En cuanto a lo directamente relacionado con la orientación litúrgica, hace un desarrollo brillante, donde resaltan los siguientes puntos, fundamentales para nuestro análisis y que representan puntos de base para el Nuevo Movimiento Litúrgico:

1.- "La orientación de la oración hacia el oriente es una tradición que se remonta a los orígenes y es la expresión fundamental de la síntesis cristiana de cosmos e historia, del arraigo de la unicidad de la historia de la salvación, de salir al encuentro del Señor que viene".
2.- Pese a la disposición originaria de la celebración "Ad Orientem", que se ve plasmada en las construcciones bizantinas, en Roma se fue desarrollando una disposición diferente, producto del acercamiento del Altar de la Basílica de San Pedro más cerca de la Sede Episcopal, de manera de celebrar el Santo Sacrificio sobre la Tumba del Apóstol, explicitando la venerable tradición de celebrar sobre la tumba de los mártires, que expresa de manera muy sugestiva la comunión de los Santos. Sin embargo, la Basílica estaba orientada hacia occidente, por lo que, para que la Liturgia fuera celebrada "Ad Orientem", era necesario que el Sacerdote enfrentara a los fieles ("Coram Populo").
3.- "La renovación litúrgica del recién acabado siglo ha hecho suya esta presunta posición del celebrante, para desarrollar una nueva idea de forma litúrgica", aludiendo una poco clara razón: "la formación de un circulo cerrado entre los fieles y el sacerdote", que según los reformadores, sería una forma más propicia para la participación de los fieles y que, además, constituiría una valoración de la supuesta conformación de la Última Cena.
4.- La Conformación "Versus Populum" se ha transformado en el estandarte de Batalla de la reforma post-conciliar, lo cual concuerda con la mutación hacia una "nueva idea de la esencia de la liturgia, en cuanto a comida comunitaria."
5.- Existió desde antiguo la noción de celebrar "Ad Orientem", siendo esto necesario no solo para el celebrante, sino que también para el pueblo reunido. De hecho, citando a Bouyer: "Jamás y en ninguna parte se encontró anteriormente (es decir, antes del siglo XVI) ningún indicio de que se le concediera ni la más mínima importancia, o se le prestara siquiera atención, al hecho de si el sacerdote celebraba con el pueblo delante o detrás de él. [...] lo único a lo que se le daba importancia era que el sacerdote pronunciara la plegaria eucarística, al igual que las demás oraciones, en dirección al oriente". Por tanto, prevalece siempre la disposición, tanto del sacerdote como del pueblo, de la celebración "Ad Orientem", por sobre si se está de cara o de espalda a los fieles.
6.- Dicha conciencia se fue oscureciendo durante la modernidad, llegando a un desconocimiento total de dicho pensamiento. Incluso, con ello, es posible explicar el porqué se ha tildado a la celebración "Coram Deo", como una liturgia celebrada "Hacia la Pared" o "De espalda al pueblo".
7.- La disposición "Versus Populum" ha transformado la característica "Teocéntrica" de la Sagrada Liturgia, en una característica "Clerocéntrica", siendo el sacerdote el centro de la acción litúrgica: "De él depende todo. Es a él a quien hay que mirar, participamos en su acción; a él respondemos. Su creatividad es la que sostiene el conjunto de la celebración". Con ello, cada vez, pasa a primer plano la acción de la asamblea reunida, y de quienes participan en la acción litúrgica muy por sobre la atención hacia Dios, quien es sujeto principal de la acción Litúrgica.
8.- Es fundamental la orientación común al oriente. "La esencia del acontecimiento no es el círculo cerrado en sí mismo, sino la salida de todos al encuentro del Señor que se expresa en la orientación común".
9.- Es necesario reintroducir en la liturgia la dimensión escatológica que le fue quitada con la transformación de la orientación litúrgica. "La cruz debería estar en el centro del altar y ser el punto de referencia común del sacerdote y la comunidad que ora", ya que la orientación tiene directa relación con la señal del Hijo del Hombre, que corresponde a la Cruz.


Como vemos, el otrora Cardenal Raztinger hace una exhaustiva exposición de los argumentos que sustentan a la celebración "Ad Orientem" como verdadera Tradición Viva de la Iglesia, e introduce además, una idea bastante innovadora: En el caso de que no se pueda celebrar "Ad Orientem", que al menos se coloque la cruz al centro, de manera de restaurar el Oriente Litúrgico hacia la Cruz, punto central de atención del sacerdote y los fieles.

(Continuará...)

martes, 11 de enero de 2011

Ad Orientem [II]



II.- EL CONCILIO VATICANO II Y LA ORIENTACIÓN LITÚRGICA.

El concilio Vaticano II no se pronunció formalmente de la orientación de la oración litúrgica en la Iglesia, por lo que cualquier debate sobre el tema fue llevado posteriormente, en los tiempos de la reforma litúrgica misma. La teología litúrgica y sacramental sobre la Eucaristía tiende a tener un cambio radical durante este tiempo, donde la noción sacrificial ha pasado a un segundo plano, siendo en algunos casos sistemáticamente rechazada y reemplazada por la noción de Banquete. 
Esto sucede porque, en tiempos del post-concilio, se realzó de forma desmesurada la vinculación Eucaristía-Última Cena, olvidando por completo que, si bien, la Última Cena del Señor se llevó acabo en el contexto (más probable) de la cena pascual judía, a ella es incorporada una novedad, que es precisamente el Sacrificio de Cristo. Por ello, lo importante no es la Cena en si misma, que es algo secundario, sino que es el Sacrificio Eucarístico que Cristo introduce en el contexto de la cena. Por ello, la repetición que Cristo nos pide no es de la cena en si misma (lo que se podría realizar solo una vez al año y en una fecha determinada), sino que pide la repetición de lo que es novedoso, es decir, del Sacrificio, que es independiente de la cena, aún cuando sea su contexto inicial.

El concilio planteó la necesidad de "acercar a los fieles al altar". Dicha frase involucraba dos aspectos fundamentales: El primero es buscar la forma en que los fieles puedan participar más activamente de la Santa Misa, elevando sus almas hacia el Santo Sacrificio del Altar, todo ello, mediante una formación litúrgica adecuada, así como de la participación en el Canto y otros oficios. El segundo aspecto es evitar las largas distancias entre el Altar y los fieles (como pasa, por ejemplo, en Iglesias con Coro, como Notre Dame de Paris, donde la distancia entre los fieles y el Altar Mayor es muy amplia), para que los fieles puedan sentirse partícipes de la Santa Misa, y contemplar con mayor detalle lo que sucede en el Altar. 
Por ello, se instruyó en la necesidad de que, en las nuevas Iglesias, se construya el Altar más cercano a los fieles. De la misma manera, se instruyó a construirlo separado de la pared, para que pudiese ser rodeado sin problemas (presumiblemente, para lo relacionado a la incensación).

Sin embargo, el Concilio no se pronunció en torno a un cambio de la Celebración de los Sagrados Misterios desde la forma Ad Orientem a una forma Versus Populum.

Pese a ello, la Instrucción "Inter Oecumenici" de 1964, preparada por el Consilium (Ente encargado de llevar a cabo las reformas propuestas por el Concilio), dió una cierta interpretación al respecto, la cual claramente fue un intento por "declarar admisible" una práctica ya extendida en algunos países desde los comienzos del Movimiento Litúrgico, en particular, lo relacionado con Guardini. La cita textual es la siguiente:


"Es aceptable construir el altar mayor separado del muro para que se facilite la vuelta y que se pueda celebrar cara al pueblo; y se colocará en el edificio sagrado de forma que sea verdaderamente el centro hacia el cual se vuelva espontáneamente la atención de la asamblea de fieles".

Sin embargo, dicha instrucción tiene dos matices a considerar: Primero, constatar que es solo una recomendación para nuevas construcciones, y en segundo lugar, que es solo una recomendación en si misma, y por tanto, no se considera como prescripción normativa. Por ello, es un segundo argumento de importancia para recalcar de que la posición Ad Orientem es la forma conciliar y litúrgicamente correcta de celebrar la Santa Misa (aún cuando se acepte la celebración Versus Populum).

Pese a las consideraciones anteriores, consonantes con la interpretación dada por J. A. Jungmann (destacado liturgista) en cuanto a la no obligatoriedad de la celebración "Versus Populum", se pudo evidenciar en los años posteriores una imposición de facto de dicha orientación (lo que es atribuíble a una interpretación rupturista), lo que conllevó a la destrucción y mutilación de muchísimos altares, de un valor cultural, patrimonial y litúrgico extraordinario. Aún asi, a nivel normativo, nunca se impuso dicha forma de celebrar.



III.- EL MISAL ROMANO

El Misal Romano, cuya primera edición data de 1970 aporta más información relevante a la orientación litúrgica de la Santa Misa.

Ejemplo de ello es la siguiente frase, tomada de la Instrucción General del Misal Romano, en la segunda edición de 1975, que es absolutamente equivalente a la que corresponde a la primera edición (1970):
"107. Vuelto al centro del altar y de cara al pueblo, extiende y junta las manos e invita al pueblo a orar, diciéndole: Orad, hermanos, etc. [...]".
Se puede evidenciar, con absoluta claridad, que se contempla la posición "Ad Orientem" como normativa de la Santa Misa (dado que el sacerdote debe pronunciar el "Orate Fratres" de cara al Pueblo, tal como se hace en la forma Extraordinaria).

Dicha frase, en la Instrucción general de la Tercera edición del Misal Romano, del año 2000, corresponde a:
"146. Después, vuelto al centro del altar, el sacerdote, de pie, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, invita al pueblo a orar, diciendo: Oren, hermanos, etc.[...]". 
Por tanto, una vez más, se puede verificar como la posición "Ad Orientem" está contemplada como normativa dentro de la Santa Misa. Pese a ello, esta tercera edición contempla lo dicho por la Instrucción de 1964, diciendo que la celebración Versus Populum es "muy deseable, siempre que sea posible".

Por tanto, se puede verificar el gran cambio litúrgico entre los años 1975 y 2000, donde se transformó una "recomendación" en una "obligación", la cual, en nuestros tiempos, parece ser algo cotidiano aunque no más correcto, pues rompe con la tradición de la Iglesia, aún, desde sus comienzos, como lo puede atestiguar el Padre Louis Bouyer, quien es citado por el Cardenal Ratzinger en su célebre libro "El Espiritu de la Liturgia", así como los libros "Vueltos hacia el Señor" de Mons. Klaus Gamber, o "Volverse hacia el Señor" del Padre Michael Lang Uwe.


Continuará...