domingo, 19 de octubre de 2014

La fidelidad como principio litúrgico.


"Hoy en día, no hay ninguna Misa novus ordo igual a otra"
Esta frase resume, con cierta elocuencia, una realidad en la que estamos lamentablemente inmersos. Cada sacerdote tiene una forma particular de celebrar la Santa Misa, y dicha forma, lejos de ser homogénea,  está influenciada por las particulares condiciones "pastorales" del entorno del presbítero, así como su grado de formación intelectual y teológico. Es así como muchos sacerdotes aprenden el "ars celebrandi" de manos de sacerdotes fieles a la enseñanza de la Iglesia, pero también existen muchos que son enseñados en la improvisación y la excesiva repetición del axioma errado de la "cena eucarística no sacrificial", y también muchos (la gran mayoría), que se han formado del ejemplo de sacerdotes con los que han convivido, sin una guía clara, mediante el autoaprendizaje de las formas sin una completa conexión con el fondo.

Cuando se habla del ars celebrandi de la liturgia, se le asocia directamente al rubricismo, es decir, un desmesurado apego a las normas sin contemplación del fondo que las sustenta y las eleva a la esfera de lo sagrado. Sin embargo, este ars celebrandi va mucho más allá de una norma o rúbrica del rito, pues corresponde a una visión organizada y completa de la forma de celebrar los ritos sagrados, comprendiendo principalmente el trasfondo de los ritos, es decir, a la teología litúrgica que subyace y da sentido al ritual.

De tal manera, el ars celebrandi es realmente una contínua profesión de Fe, pues contiene en si mismo la doctrina de la Iglesia. De cierta forma, la Liturgia permite mirar a través de ella toda la teología de la Iglesia, pues es una manifestación concreta de lo que creemos (según el célebre principio Lex Orandi - Lex Credendi).

El ars celebrandi, en consecuencia, exige Fidelidad: Fidelidad a la las formas establecidas en el Ordo Missæ, puesto que ellas son fruto del desarrollo teológico del dogma; Fidelidad al canto sagrado y a la belleza del culto tributado a Dios; Fidelidad en los detalles, ya que en ellos demostramos nuestra preocupación por dar a Dios una alabanza digna de su Gloria y Majestad, con sobriedad y sencillez. Y, por cierto, lo más importante: Fidelidad en nuestras vidas, conformando nuestra vida de Fe con Cristo, de manera de que lo que rezamos (lex orandi) y lo que creemos (lex credendi) se manifieste plenamente en lo que vivimos (lex vivendi).

viernes, 21 de marzo de 2014

[Brevis] Música Sacra Moderna: ¿Es posible?

 

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Uno de los fenómenos más claros y de directa consecuencia a la reforma conciliar de la Liturgia, fue la desaparición absoluta (en muchos lugares como prohibición implícita) de la Música Sacra, y su reemplazo por los impertinentes acordes mal rasgueados de una guitarra (suponiendo el “mejor de los casos”). Sólo en algunos lugares, amparados en clérigos musicalmente formados y en laicos comprometidos, se ha logrado mantener un mínimo de música sacra para la celebración de los Santos Misterios. Sin embargo, la condición de la música litúrgica es paupérrima en no pocos lugares.

 

¿Ha muerto la producción de música sacra? ¿Existen aún compositores? ¿Hay composiciones en otros idiomas, diferentes del latín, que logren mantener la esencia de la música latina?

 

Me gustaría, como primera aportación, presentarles el trabajo musical del Dr. Peter Kwasniewski, profesor del Wyoming Catholic College, quien ha publicado un libro con una serie de obras de su autoría.

 

Recomiendo a los distinguidos lectores a visitar el sitio de Corpus Christi Watershed, donde encontrarán mayor información al respecto.

 

¿Habrán compositores de habla hispana que desarrollen música sacra en latín/español?

miércoles, 19 de marzo de 2014

Sobre la Comunión de los divorciados vueltos a casar: Algunas consideraciones.

 

divorcio-expresA partir del debate que se ha generado por las declaraciones del Cardenal Kasper respecto a las posibles “soluciones pastorales” para el acceso de los divorciados vueltos a casar a los Santos Sacramentos (principalmente a la Sagrada Comunión), se han generado diversas reacciones, en particular, como las expresadas por el Cardenal Caffarra, el profesor Roberto De Matthei y por un blogger de Infovaticana (por citar solo algunos ejemplos). En una anterior entrada, abordamos el tema desde la perspectiva sacramental en respuesta a las declaraciones del ex-presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Ahora, lo abordaremos en pequeñas reflexiones.

 

1.- Sobre la objeción realizada a “Fernando III, el Santo”, pseudónimo del autor del blog del mismo nombre, respecto a que “Si no sabe teología, es mejor no opinar”, debo decir que para opinar en este tema tan delicado pero fundamental para la vida de la Fe, no se necesitan conocimientos que vayan más allá de lo que todo cristiano debe saber. Si bien, es necesario dominar temas de teología para poder analizar algunos casos (principalmente de los matrimonios no consumados y los mal llamados “divorcios aparentes” en los primeros siglos de la Iglesia, y lo relativo a la Comunión sacramental, para nadie debiera parecer extraño que alguien, en pecado mortal, no pueda acceder a la Sagrada Comunión, y que de hacerlo, se constituye un pecado aún más grave.

 

2.- Todo cristiano tiene derecho a opinar en lo opinable. ¿Qué es opinable en la Iglesia?. Lo opinable es todo lo que no es doctrinal o sacramental, es decir, todo lo que no está definido como doctrina o magisterio. Por ende, podemos opinar de las pésimas decisiones de uno u otro Papa en nombrar obispos a candidatos muy poco santos (por decir lo menos duro); la inconveniencia de las Misas masivas, donde en no pocas ocasiones se maltrata la celebración y en donde los asistentes están atentos a las cámaras (que retransmiten en vivo a través de pantallas gigantes) y a cualquier otra cosa menos al Santo Sacramento; la poca diligencia de las autoridades eclesiásticas que no expulsan del estado clerical a muchos sacerdotes que han incurrido abiertamente en doctrinas heréticas, o religiosas que defienden el aborto y otras desgracias y que aún siguen siendo “monjas” (aunque está claro que han reemplazado el Oficio Divino por un libro de Marx, y el Evangelio por una declaración de principios de libertinaje.

 

3.- ¿Puede un Cristiano contraponerse a lo que la Iglesia ha establecido basada en la doctrina que Cristo nos ha enseñado en los Evangelios? Claramente que esto no puede ser. La disciplina de los sacramentos es algo muy delicado, y por ende, compete a la Iglesia cuidarla y hacer respetar las normas adecuadas para que los Sacramentos sean tratados con la mayor dignidad, porque provienen de Dios y tienden hacia la eternidad.

 

4.- Causa escándalo en la Iglesia que un Cardenal (es decir, un príncipe de la Iglesia), sostenga doctrinas contrarias a lo que la Iglesia enseña, alegando misericordia. Como dijo el Cardenal Caffarra, lo que propone el Cardenal Kasper es, realmente, una inmisericordia, pues se empuja a muchas parejas con fracasos matrimoniales a la recepción de los sacramentos, los cuales no pueden recibir por encontrarse en pecado mortal. Este “misericordiaje” (en analogía al Libertinaje que se opone a la verdadera Libertad de los hijos de Dios), es la bandera de lucha de diversos movimientos en la Iglesia que buscan congraciar a la Iglesia con el Mundo, algo que evidentemente no es posible (y el mismísimo Señor Jesucristo nos lo reafirmó).

 

5.- ¿Es el problema de fondo la Comunión de los divorciados vueltos a casar?. Claramente no. El problema actual radica en 3 ejes diferentes:

a) La mediocridad y falta de criterio de las Catequesis Matrimoniales, que suelen ser breves charlas sin las mínimas exigencias.

b) La minusvaloración del sacramento del Matrimonio, que a menudo se considera tan solo una formalidad, y que no es menos común que sea solo una “ceremonia” que da un comienzo a la fiesta (donde lo principal no es el Sacramento, sino la comida y baile posteriores).

c) La falta de Fe. Porque si lo anterior existe, es porque no hay una fe verdadera en quienes se casan. Y por ende, el Sacramento queda reducido a un rito sin sentido, ya que los novios no están abiertos a la Gracia que otorga el sacramento en si mismo.

 

Solo una vez que lo anterior sea resuelto, se acabarán los problemas relacionados al Matrimonio. Pero atacar la enfermedad (que es una especie de “cáncer espiritual”) requiere coraje, decisión, dolores de cabeza e incluso sufrimientos, y por supuesto, perseverancia en la Fe en Cristo. Por ende, cualquier otra acción “pastoral” que no vaya encaminada a solucionar los verdaderos problemas, solo es una Aspirina.

Y al parecer, muchos de nuestros prelados prefieren un analgésico leve a una quimioterapia.

 

 

Espero contar con vuestras aportaciones. Estoy dispuesto a seguir con este debate. Pero para ello es necesaria la caridad y la firmeza en la Fe. Aquí os espero.

jueves, 20 de febrero de 2014

La oración de los fieles

A continuación, presentamos la traducción de dos interesantes artículos sobre la oración de los fieles y su utilidad. Esta oración, adicionada al Novus Ordo, ha sido en muchos casos el espacio para la improvisación litúrgica sin límites, aún cuando existen ciertas normas para poder realizarla con dignidad y decoro.

 

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La distractora Oración de los Fieles
publicado el 16 de Mayo de 2013 por el Dr. Peter Kwasniewski
(original: The Distracting Prayer of the Faithfull)

En el espíritu de la Reforma de la Reforma, uno podría cuestionar el rol en la Misa nueva de la Oración de los Fieles (o Intercesiones Generales) [Nombre común que recibe en mundo Angloparlante, N del T.]. Una variada colección de peticiones, por lo general pobremente escritas y leídas aún más pobremente, perturba el flujo natural de la Liturgia a medida que avanza desde las lecturas hacia la Profesión de Fe, la cual es la respuesta natural a la revelación que hace Dios de Sí mismo, y hacia el Ofertorio. La homilía oracion de los fieles_514-1amenaza también con perturbar el flujo de la Liturgia, debido a que representa un eje humano más temporal de la Liturgia, pero una buena homilía no debe durar más que unos pocos minutos, y si es realmente buena, despertará el apetito del alma por el Pan de Vida a través de la meditación de la Palabra de Dios. Con el canto solemne del Credo, el eje de la Eterna Divinidad de la Liturgia se reafirma decisivamente a si mismo, como el alma ejercita el don de la Fe y se prepara para llevar las ofrendas al altar, donde el Señor las transformará en la ofrenda de Sí mismo. Mirando desde “arriba”, examinando la estructura y el flujo de la acción litúrgica, las plegarias de intercesión [intenciones de la Oración de los fieles, N del T.] marcan el más incómodo quiebre en la acción litúrgica.

Esta Oración de los Fieles es diferente en la liturgia de Viernes Santo, porque ésta liturgia es radicalmente diferente, sin dudas, de la forma en la que ha evolucionado para los demás días del año. Las plegarias de intercesión pública tienen todo el mayor poder y fuerza para ser especial y solemnemente recitadas en el Viernes Santo, el día en el cual recordamos el evento histórico del Sacrificio del Señor y su muerte. Uno es casi golpeado por el poder de la Liturgia del Viernes Santo; Uno es llevado contundentemente aguas abajo adoptando sus características y distribuyéndolas ampliamente, aunque superficialmente, a lo largo del año.

Uno puede hacer un argumento similar respecto a la Misa Rezada y a la de Réquiem, que sirvieron de modelo para el Novus Ordo. Mientras que ellos construyeron su propio contexto limitado, la Misa rezada y la de Réquiem sirvieron perfectamente para sus propósitos. Tan pronto como las características de la Misa rezada de Réquiem llegaron a ser la Misa “estándar”, el balance fue destruido. Si los reformadores estaban tan preocupados sobre la hegemonía de la Misa rezada y de la Misa diaria por los difuntos, ellos podrían haber encontrado caminos más inteligentes para limitar esas prácticas en lugar de permitirlas efectivamente, sin hacerse cargo de esta situación. Hoy en día, casi todas las Misas son Misas rezadas, y la Misa de Difuntos en si misma ha sido “rebajada de solemnidad” hasta tal punto que rara vez parece ser lo que realmente es. Inclusive, las cualidades que eran preciadas en la Misa rezada y la de Réquiem fueron destruidas, irónicamente, tomando los elementos “menos solemnes” y rebajándolos en la medida de lo posible, sin viciar la validez de la Misa como tal.

Volviendo a la Oración de los Fieles: Es innecesario establecer una parte separada de la Liturgia para estas intercesiones, siempre y cuando se mantengan (como es debido) el Canon Romano, con sus bellísimas intercesiones por la Iglesia, el Papa, el Obispo, los sacerdotes y el pueblo, y, después de la consagración, por los fieles difuntos. Hay una pausa en el “Memento, Domine, famulorum famularumque tuarum…” [“Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas…”, N del T.], para recordar a quienes les hemos prometido rezar por ellos y por todos nuestros seres queridos. De la misma manera, el “Placeat tibi…” [“Te sea agradable…”, que es la oración que reza el sacerdote antes de la bendición final de la Misa. N del T.] es una oración de intercesión y con toda razón: ella pone fin a la majestuosa acción del Sacrificio iniciado en el “Suscipe, Domine…” [Según mi parecer, el autor se refiere al “Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis…”, que traducido es “El Señor reciba de tus manos este sacrificio…”, que marca un momento que culmina el ofertorio y encamina hacia la Consagración, que es el centro de la acción litúrgica. N del T.] y trazando un arco cuyo apogeo es la Elevación y cuyo perigeo, si puede decirse así, es el “Domine, non sum dignus”, cuando glorificamos al Cordero de Dios, de infinita santidad, rogándole que sane nuestras almas para que pueda entrar y hacer Su morada en ellas. El fin se junta con el inicio en un ciclo que no es el desesperado ciclo del eterno retorno de Nietzsche, sino que es la alegre certeza de la Fe: El que creó el mundo al principio, El que lo volvió a crear mediante Su encarnación, volverá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y le dará a Sus fieles servidores la recompensa de la felicidad eterna.

 

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¿Qué hacer con la Oración de los fieles?
publicado el 20 de Octubre de 2013 por Fr. David Friel
(original: What to Do with the Prayer of the Faithful)

 

Las Intercesiones Generales [nombre común que recibe la Oración Universal en el mundo angloparlante, N del T.] se supone que son solo eso: Intercesiones generales. Muy a menudo, sin embargo, la oferta de intenciones que ofrecemos enalcaldesa la Misa es más específica que general y más a modo de comentario que como peticiones.

Muchas parroquias usan servicios de subscripción [por ejemplo, los clásicos subsidios tipo cuadernillos u hojas sueltas elaborados por algunas editoriales, N del T.] para proveer las intercesiones de cada Domingo o, incluso, de cada día en la liturgia. Algunos de los errores se relacionan con aquellas corporaciones, las cuales podrían hacer un mejor trabajo en la composición de los textos. Otros errores también descansan, en algunas oportunidades, en los lectores a quienes les gusta añadir una petición final motivando a los fieles a añadir sus “intenciones particulares” en el silencio de su corazón. Peor aún son las invitaciones a las “intercesiones tipo Popcorn” cuando algunas de las intenciones personales son realizadas en voz alta desde la asamblea. Puedo estar muy en desacuerdo con la necesidad de crear plegarias de intercesión entre los fueles, pero ¿No sería mejor para quienes asisten a la Santa Misa en realizar estas intenciones para la Misa antes de que la Misa comience?

El profesor Kwasniewski planteó preguntas bien pensadas respecto al propósito y a la naturaleza de la Oración de los fieles en un artículo previo [El que presentamos anteriormente, N del T.]. Me gustaría añadir una crítica complementaria a todas las que él ofrece.

Mis reservas sobre el centro de la Oración de los Fieles tienen relación con el hecho de que esos textos pueden ser compuestos libremente. Cualquier momento en la Liturgia Romana, cuando existe una concesión para componer un texto litúrgico, debe ser tomado con cautela. La tercera edición del Misal Romano en inglés removió, sabiamente, numerosos casos de la infame frase “con éstas y otras palabras similares”. Aunque la composición local de las peticiones es ciertamente permisible, ¿Es recomendable? ¿Podría no molestarme que la Editorial Litúrgica, la secretaria parroquial, o inclusive el celebrante puedan componer libremente los textos para ser usados en la Santa Misa?

Por supuesto, existe un formato general al cual las peticiones de la Oración Universal deberían adecuarse. Existen incluso series de ejemplo en un apéndice en el Misal Romano. Sin embargo, la práctica común es usualmente bastante divergente de las normas esperadas.

¿Qué se debería hacer con la Oración Universal? Puede ser un elemento menor de la Santa Misa, comparativamente hablando, pero podría ser un área de reflexión y de reforma.

 

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jueves, 6 de febrero de 2014

La Falacia del Ahorro de Tiempo: Comparando las Plegarias Eucarísticas

A continuación ofrezco a los distinguidos lectores la traducción del artículo “Comparing Cannons” de Fr. David Friel, publicado originalmente en Corpus Christi Watershed blog. En dicho artículo se hace un interesante estudio con vistas a desmentir una de las grandes “malas prácticas” en lo que se refiere a la Sagrada Liturgia: El uso de la Plegaria Eucarística II  “in omni tempore”, para “hacer más corta la Misa”. Creo que no es necesario realizar ninguna acotación adicional.

 

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Comparando las Plegarias Eucarísticas.

Traducción (comentada) al español del artículo “Comparing Canons” de Fr. David Friel.
Publicado originalmente en Corpus Christi Watershed blog.

 

Existe una tendencia (especialmente entre quienes pertenecemos al Rito Romano) a obsesionarse con la cantidad de tiempo que pasamos en la iglesia. Probablemente este síndrome es más verificable en los sacerdotes que en cualquier otro. Como muchos oradores públicos, los sacerdotes pueden desconocer cuanto tiempo predicarán, pero yo creo que la mayoría de ellos son completamente conscientes de cuánto tiempo tomarán para celebrar Misa.

Cuando el miedo a pasar mucho tiempo surge y llegan a la mente visiones de un estacionamiento congestionado ¿Qué es lo que hace el Sacerdote? Para muchos, la primera solución es usar la Plegaria Eucarística II. Mientras que ésta es, ciertamente, la tendencia común, ¿Es realmente el Canon de la Misa el mejor lugar para “recuperar tiempo”? Más aún, ¿Esta solución toma en cuenta el uso apropiado de las Plegarias Eucarísticas aprobadas? Toda la Liturgia de la Iglesia se mueve en dirección de la Eucaristía, y las plegarias consecratorias son las más importantes palabras de la Santa Misa. ¿No haría más sentido predicar más corto y usar el Canon Romano?

El Canon Romano, en virtud de su universalidad y su uso prácticamente inalterado por casi 1500 años, guarda un lugar único y venerable entre las Plegarias Eucarísticas y, como tal, no es uno más entre algunas pocas opciones. Es la única Plegaria Eucarística de la cual las normas litúrgicas dicen “que puede emplearse siempre” (cf. IGMR 365 a). La Plegaria Eucarística IV tiene limitaciones para cuando puede ser usada, debido a su prefacio propio. La Plegaria Eucarística III es la más apta para las memorias de los Santos, y la Plegaria Eucarística II es específicamente no recomendada para su uso en los Domingos y en otras solemnidades y fiestas. Ésta no es mi propia categorización de las cuatro Plegarias Eucarísticas “mayores”, sino más bien las normas dadas en el capítulo VII de la Instrucción General del Misal Romano (IGMR, disponible aquí).

En la celebración de la Misa no debe haber un balance [entre el tiempo de la predicación y el tiempo del canon. (N. del T.)]. Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, recientemente se refirió a este tema:

La homilía […] debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase. El predicador puede ser capaz de mantener el interés de la gente durante una hora, pero así su palabra se vuelve más importante que la celebración de la fe. Si la homilía se prolongara demasiado, afectaría dos características de la celebración litúrgica: la armonía entre sus partes y el ritmo. […] Esto reclama que la palabra del predicador no ocupe un lugar excesivo, de manera que el Señor brille más que el ministro. (cf. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 138)

Esto significa, además, que las partes menores de la Misa no deben nunca dominar sobre las que son más importantes. Cuando ofrecemos 14 intenciones de oración [en la oración de los fieles (N. del T.)] y disponemos solo 10 segundos de silencio después de la Comunión, existe un desbalance; Cuando cantamos cuatro canciones y [solo] recitamos todos los diálogos y aclamaciones [en vez de cantarlos (N. del T.)], existe un desbalance; Cuando predicamos por 25 minutos y utilizamos la Plegaria Eucarística II, existe un desbalance.

 

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El argumento contra el uso por defecto de la Plegaria Eucarística II para “ahorrar tiempo” no es solamente teórico; puede ser basado en evidencia práctica. La paginación de los misales de altar puede hacer que el Canon Romano pareciera desmesuradamente más largo que otras Plegarias, pero yo pienso a menudo que un estudio con más detenimiento podría mostrar que la extensión de las plegarias no son extremadamente dispares. Por lo tanto decidí realizar este estudio por mi cuenta, contando las palabras de las cuatro Plegarias Eucarísticas “mayores” y comparando la cantidad de tiempo que toma en recitarlas.

Abajo están los resultados del conteo de palabras, el cual muestra, como era de esperar, que la Plegaria Eucarística II es, de hecho, la Plegaria más corta. Y es más corta que el Canon Romano por un margen de 453 palabras. No se encuentran incluidos en este conteo de palabras el Prefacio, el Sanctus, el Mysterium Fidei, el Per Ipsum, las fórmulas especiales del Communicantes y del Hanc Igitur, y las conmemoraciones especiales para las Misas de Difuntos. [N. del T.: Este estudio fue realizado con la versión en inglés del Misal Romano, por lo que podrían haber leves variaciones respecto al número de palabras. Sin embargo, en términos generales, se mantiene el mismo orden de magnitud].

 

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¿En qué cantidad de tiempo “hablado” podemos traducir esta disparidad en la extensión de las plegarias? Consideré tomar el tiempo que me toma leer cada texto sentado en mi escritorio, pero temo apurar inconscientemente uno más de los textos con el fin de sesgar los datos para mis propósitos.

En lugar de ello, encontré aquí grabaciones de cada Plegaria, que fueron hechas por Fr. James Lyons de la Arquidiócesis de Wellington, en Nueva Zelanda, para asistir a los sacerdotes en el aprendizaje de las nuevas traducciones. Abajo está el gráfico que muestra la longitud de cada una de las cuatro grabaciones. Interesantemente, la Plegaria más larga no es el Canon Romano sino que la Plegaria Eucarística IV; aunque la cuarta Plegaria contiene aproximadamente 100 palabras menos que el Canon Romano, el fraseo demanda más pausas (Nótese: la longitud original de los archivos de audio son mayores a los tiempos presentados en el gráfico, debido a que extirpé las introducciones dadas por Fr. Lyons para una medición más precisa.)

 

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Aunque las grabaciones de solo un sacerdote ciertamente constituyen una muestra de tamaño pequeño, sospecho que la información tomada de las grabaciones de Fr. Lyons es bastante representativa de lo que debería obtenerse en promedio de un estudio más largo. Además, la cuestión aquí no es el tiempo que toma a un sacerdote en particular el rezar la anáfora, sino más bien la extensión comparativa de varias Plegarias. Y ¿qué muestran estos datos? ¿Exactamente cuánto más largo es el Canon Romano frente a la Plegaria Eucarística II? Menos de dos minutos.

 

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La suposición de que el uso de la Plegaria Eucarística II “ahorra tiempo” está profundamente incrustada en muchos sacerdotes y feligreses. Sin embargo, mediante consideraciones teóricas y prácticas, parece que esta suposición está fundada en falsos supuestos: primero, que el Canon es el mejor momento (o el más fácil) para “ahorrar tiempo”, y en segundo lugar, que rezar la Plegaria Eucarística II ahorra tiempo significativo. Desde mi punto de vista, no obstante, [creo que] existen mejores partes en la Misa para acortar en vez de la Plegaria Eucarística, [considerando que] el tiempo ahorrado por la Plegaria II es más bien insignificante.

Sé que soy tan pecador como cualquier Católico, pero sigo creyendo en un mundo en que no esté interesado en la extensión de la Misa. Mientras esperamos por el arribo de ese mundo, al menos mantengamos las cosas en perspectiva. La próxima vez que tu sacerdote rece la Plegaria Eucarística II en la Misa Dominical, pregúntate a ti mismo si podrías ahorrar esos dos minutos extras.-

sábado, 1 de febrero de 2014

Newman y la Liturgia

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El Beato John Henry Cardenal Newman (1801-1890) no alcanzó a conocer la reforma litúrgica emprendida después del Concilio Vaticano II. Sin embargo, podríamos decir que tuvo palabras proféticas que describen muy bien la crisis litúrgica actual.

Newman, haciendo eco de la publicación (en 1846) de “Lyra Innocentium” de John Keble (Anglicano, gran amigo de Newman y fundador del Movimiento de Oxford), escribe una serie de comentarios respecto a la situación de la iglesia anglicana (High-church) de aquel entonces (sumida en una profunda crisis por su carácter “des-catolizado”) y el aporte que Keble realizó para recuperar lo que había perdido la iglesia desde la reforma. Y para ello, el Beato Cardenal exhibe algunas facciones de la Iglesia Católica (a la cual se había convertido poco tiempo antes) que han sido poco captadas o estudiadas.

 

La correcta traducción de estos textos (cuyo original está en Inglés) se debe al gran Jack Tollers. Son de gran provecho muchas de las traducciones y textos originales que este gran autor pone a disposición en su sitio web (Et Voilà), por lo que recomiendo vivamente visitar este sitio.

 

Dice el Cardenal:

[Keble] hizo por la Iglesia de Inglaterra lo que sólo un poeta podía hacer: la hizo poética [...]
La poesía, tal como lo demostró el Sr. Keble en sus conferencias en la Universidad, es un modo de aliviar la mente sobrecargada; es un canal a través del cual las emociones encuentran expresión, y eso de un modo seguro y ordenado. Ahora bien ¿qué cosa no es la Iglesia Católica, vista desde un punto de vista humano, sino una disciplina para los afectos y las pasiones? ¿Qué son sus cánones y prácticas sino la expresión ordenada de un sentimiento agudo, o profundo, o turbulento y, por tanto, una “limpieza”, como diría Aristóteles, del alma enferma? La Iglesia es la poetisa de sus hijos; está llena de música para consolar al melancólico y controlar al rebelde—es fabulosa en sus historias para la imaginación del romántico; está repleta de símbolos e imaginería de modo tal que los sentimientos más delicados, que no sabrían cómo expresarse en palabras, pueden comunicarse silenciosamente y hacerse presentes en el alma de cada cual. Su ser mismo es poético: cada salmo, cada petición, cada colecta, cada versículo, la cruz, la mitra, el incensario, es la concreción de alguna ensoñación de la niñez, o tal vez, la realización de una ilusión de la juventud.

 

Y luego agrega:

Ahora bien, el autor de “Christian Year” [(Keble)] encontró al sistema Anglicano completamente desprovisto de este elemento divino que es propiedad esencial del Catolicismo—el ritual echado a los perros, pisado y roto en mil pedazos; las oraciones amputadas, trozadas, arrancadas, llevadas y traídas sin ton ni son hasta que el sentido de la composición original se perdió y los oficios que habían constituido tan noble poesía ahora ya ni siquiera eran buena prosa; antífonas, himnos, bendiciones e invocaciones, arrojadas al olvido; las lecciones de la Escritura convertidas en referencias vacías de significado; pesadez, debilidad, torpeza allí donde los ritos católicos antes habían desplegado alas livianas, frescura y la luz del Espíritu; suprimidas las vestiduras ceremoniales, apagados los cirios, robadas las joyas, aniquilada la pompa y circunstancia del culto divino.

Y se sentía ahora un vacío lúgubre—que parecía el santo y seña de una espuria colusión con el mundo y que se imponía a los ojos, al oído, a las fosas nasales de quien quisiera tributar un culto digno a Dios; un olor a polvo y
a humedad en lugar del incienso; [...] las armas de la Corona reemplazando al crucifijo; horripilantes y desmedidas cajas de madera desde la cual predicaban ceñudos ministros emplazadas en lugar del misterioso altar de antaño; y largas naves laterales sin uso alguno, separadas por rieles, como las tumbas (que eso eran) de lo que había sido y ya no era; y en lugar de la ortodoxia, una dogmática frígida, rígida, inconsistente, aburrida, incapaz, desvalida, que no podía fundarse debidamente y que sin embargo se mostraba intolerante respecto de cualquier enseñanza que contuviera alguna lección iluminadora y que resentía cualquier intento de que se le diera sentido.

 

Como podemos ver con absoluta claridad en este último texto, pareciera ser que el Beato Cardenal está realizando una especie de “reconstrucción” o “sumario” de lo que ha significado la reforma litúrgica del post-concilio.

LeghornItaly

Surge claramente una interrogante poderosa: ¿Qué podemos hacer para reconstruir lo que se ha perdido?

[Continuará…]